jueves, 18 de septiembre de 2014

BALOMPÉDICA CONFESIÓN. Julio 2013.


Todos estaban radiantes y felices, celebrándolo por todo lo alto en el Parque del Bulevar, en la ofrenda del club a la Virgen y en el desfile con el autobús descapotable, y en tales eventos yo sonreía también, y daba saltos, pero el sentimiento, tengo que confesarlo, no me salía de dentro.  Y a mí el
fútbol me gusta.  Llevo muchos años sin perderme un solo partido del Real Jaén.  Y ahora que, por fin, después de tantos  sinsabores, alcanzamos el ascenso,  me ataca esta crisis de fe, este descreimiento balompédico que me tiene en un sinvivir.  Y tampoco me pilla, la cosa, de nuevas.  Yo me lo venía barruntando.  De hecho en los últimos partidos notaba que algo no iba bien dentro de mí.  Las acciones arbitrales hostiles hacia nuestro conjunto, no me provocaban la indignación pertinente, y mientras mis compañeros de palco se quedaban a gusto rememorando toda la progenie del trío arbitral, yo improvisaba pequeños exabruptos que apenas sonrojarían a un colegial.  Es más, cuando veía a los pobres futbolistas y aficionados del Huracán de Manises tras caer derrotados ante nuestra meritoria escuadra, tapándose la cara con las manos, ocultando sus lágrimas y su impotencia, me veía a mí mismo en las mismas circunstancias en años precedentes, cuando tras el postrero enfrentamiento nuestros futbolistas se vieron privados de culminar la gesta del ascenso a la división de plata.  Y en esos momentos, en los que presenciaba el hundimiento moral de los levantinos, aunque me atormente reconocerlo, me sentía más cerca de los colores enemigos que de mi propia, gloriosa, bandera.

Y que conste que me produce felicidad el hecho de que la economía de nuestra tierra pueda verse favorecida y que unos puestos de trabajo relacionados con diversos sectores  se consoliden, pero es una alegría basada en el pragmatismo, exenta de ese sentimiento íntimo y profundo, de esa comunión visceral y mística del club con su afición.   En fin, prometo hacérmelo mirar.  Porque como todo el mundo sabe, las mayorías siempre tienen razón.

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