¡Ea! ¡Ná!
Pues eso, que Catalunya dice que nos deja, que se lo está pensando, pero
que nos vayamos haciendo a la idea, porque es algo que viene barruntando desde
atrás, que nuestra relación no funciona, que son ya muchos años de matrimonio y
aunque nosotros le digamos que la van a echar de la comunidad, ella nos dice
que pagando las cuotas
del bloque, con el tiempo no habrá pega.
Y luego viene cuando ella nos echa en cara lo de que se casó medio
forzada y los demás trapos sucios: que se
ha sentido utilizada, que no nos entendemos, que pareciera que hablamos
idiomas distintos, e incluso cuando la discusión sube de tono, nos suelta lo de
los malos tratos morales y hasta físicos que según ella le hemos llegado a infligir
y yo que sé, el caso es que tiempo atrás cuando ella trataba de dejarnos y con
unas copas de orujo en el cuerpo sufríamos nuestros ataques de frustración
imperial, en ocasiones perdíamos el sentido y los papeles y las formas… Vaya usted a saber… Y ella, afirma tajante
que ha
aguantado tela marinera por sacar
la familia adelante, pero que llega un momento en que no compensa y además que
ha hecho cuentas y que le va a ir mejor sola.
Y la cosa nos preocupa, mucho, porque claro, luego está lo de los niños,
que Valencia y Baleares son mayores ya, y lo mismo eligen la custodia
compartida o se nos largan en el primer mosqueo a la casa de su madre, diciendo
que no nos soportan y que les haga un huequito.
Y cuidado que no se nos vayan más familiares descontentos, y nos
quedemos más solos que la una. Y ahí
estamos, en un sin vivir, telefoneándola en la soledad de la noche sin
atrevernos a articular palabra, y llorando día y noche sintiéndonos
incomprendidos. Menuda puñalada por la
espalda, con lo que nosotros hemos hecho por ella, que la recogimos siendo una mocita
ingenua, y que a nuestra vera ha aprendido todo lo que sabe, y que si está
ahora como está habrá sido en parte por nuestro sudor, que sustento y cama no
le ha faltao y algún caprichito que otro le hemos costeao pa ponerla
contenta. Y que no, amor seguramente no
hay ya, pero hay esa complicidad callada de los matrimonios mayores, y si no
hay más comunicación es porque ella no quiere, que nosotros más de una sardana
nos marcaríamos si no le doliera siempre la cabeza… Y en fin, esto no tiene fácil solución, y a
lo mejor resulta que estamos más agustico cada uno en su casa; pero por el
tiempo que hemos pasado juntos y por los buenos momentos que también los ha
habido, igual estaría bien regalarle de improviso un ramo de flores, y cogiéndole la mano y mirándole a los ojos,
plantarle un besazo susurrándole al oído: “Catalunya t’estimo”.
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