sábado, 24 de agosto de 2019

LA CULTURA Y EL PODER. (Agosto 2019)



Hoy, caminando por la calle, he visto a la cultura, iba la pobre ensimismada, ni siquiera me ha devuelto el saludo, y es que estos días anda como una loca, de aquí para allá, tratando de que la reciban los nuevos, los que mandan ahora y gestionan la cosa pública.

Cada cuatro años tiene que sufrir el mismo via crucis, la pobre cultura.  Aunque en realidad, cuando yo la vi, vestía un chándal y llevaba una bolsa de deporte, por lo que creo que iba camino del gimnasio para practicar, con ayuda de un preparador físico, la técnica de la genuflexión.

Es necesario empezar con buen pié con las nuevas corporaciones municipales, provinciales y autonómicas, por lo que es más que aconsejable hacer gala del extenso catálogo de posturas sumisas que, la pobre cultura, ha ido adquiriendo con el tiempo.

Y es que, para sobrevivir, ha tenido que desarrollar las más diversas habilidades serviles, desde la cultura del bufón, que reía las gracias de los poderosos, hasta los tiempos en los que tenía que someterse a los caprichos de los nobles,  sabiendo que si la mala vida se la llevaba por delante no podría recibir sepultura en suelo cristiano.

Aunque también ha tenido, en fechas mucho más recientes, su racha contestataria e insumisa, la cultura, hasta que le domaron el carácter altivo, y no precisamente con violencia o amenazas, sino con formularios y burocracias.  La ataron corto con requisitos contractuales y trámites de facturación, y ahora la pobre se pasa muchas más horas en la oficina que ensayando.  En vez de pensar en creaciones piensa en gestiones.  Sus sueños tienen más números que letras.  Y las utopías y las críticas al poder, los pasquines y las octavillas reivindicativas, han quedado sepultadas bajo toneladas de instancias y de modelos oficiales por triplicado ejemplar debidamente cumplimentados y enviados además a través de la plataforma virtual de turno que requiere firma digital autentificada.

¿Quién le iba a decir a la pobre cultura (que abandonó la carrera de derecho porque a ella las leyes y los reglamentos le daban repelús), que al final iba a convertirse en una gestora  víctima de la autoexplotación?

Ella que abominaba del mercantilismo, forzada a convertirse en una industria cultural, asaeteada a impuestos, cotizaciones de seguridad social, seguros de responsabilidad a terceros, contratos de riesgos laborales, cuotas, tasas y recibos de todos los colores.

Pero hay que mirar hacia delante, por eso la cultura ensaya en el gimnasio cómo arrodillarse con cierta dignidad para que la autoridad de turno le permita acceder al espacio cultural que implora y que tanto necesita para desarrollar su actividad.

Aunque cada vez le cuestan más las genuflexiones, porque está un poco mayor y una artrosis incipiente le impide hacer los armoniosos gestos serviles de antaño.  Y en ocasiones cuando se haya postrada en la moqueta, en el parqué o en la alfombra oficial siente punzadas de dolor y sabe que no posee   la agilidad de los postulantes emergentes, capaces de pasar de la genuflexión al besamanos de un armonioso salto acrobático.

Pero a pesar de todo, como ella es una luchadora, se machaca entrenando en el gimnasio y, con música de la banda sonora de Rocky en los auriculares, se repite a sí misma una y otra vez: “¡No estoy acabada!, “¡Puedo conseguirlo!, “¡Voy al luchar!. 

Que se preparen los que la dan por amortizada.

JAÉN ESTÁ DEPRE. (Julio 2019)



La pobre Jaén está un poco depre.  Tiene la autoestima por los suelos.  Y no me extraña.  Lleva una racha de reveses y de sinsabores muy dura.  Se siente sola y abandonada a su suerte.  Y para culminar su aislamiento, a la hora de diseñar el trazado de la nueva línea de alta velocidad que une Granada con Madrid, le han hecho un regate a Jaén, que se ha quedado con una cara de boba, alucinante. 

Y ella no puede entender por qué ese empeño en esquivarla,  en la línea del AVE, desafiando todas las lógicas geométricas y geográficas, como si esta fuera una tierra contaminada que hubiera que evitar,  o como si nuestro paisaje constituyera una especie de agujero negro del que fuera necesario alejarse, aunque para ello hubiera que trazar un absurdo giro que alarga el viaje innecesariamente.   Es como cuando en aquellas clásicas películas del oeste, los protagonistas se veían obligados a dar un fatigoso rodeo para evitar un territorio habitado por peligrosas tribus salvajes.  En fin, un desatino incomprensible. 

Y luego vienen los políticos y los burócratas y le explican, a la confusa Jaén, que no se trata de algo personal, que se ha hecho este diseño atendiendo a criterios técnicos y a la racionalización de las infraestructuras existentes, y que además este trazado ya se había previsto hace muchos años y ella no dijo ni “mú”, así que ahora “chitón”. 

Y ella les dice que “sí” con la cabeza y se marcha a su cuarto cabizbaja, y allí no para de suspirar, asomada a la ventana con la mirada perdida.  Y así deja pasar las horas, sin que nada la motive.  Y se toma la pastilla que le ha recetado el médico de los nervios.  Y solamente es capaz de esbozar una leve sonrisa cuando toma su álbum de recuerdos, y  repasa las imágenes de tiempos más felices, en los que los romanos la convirtieron en una vía principal, eje vertebrador del sur de la península, esos sí que sabían de geografías y de geometrías.  Qué buenos tiempos.  Y luego disfruta contemplando las páginas en los que los conquistadores moros y los reconquistadores cristianos y los invasores franceses y los libertadores borbónicos dieron fe de su importancia estratégica en múltiples enfrentamientos para conquistar un nudo de comunicaciones de enorme importancia, que ahora ya no tiene ningún valor. 

Pero en fin, qué va a hacer la pobre a sus años. No se va a poner a cortar carreteras ni a levantar barricadas.  Ella es dócil y sumisa y tragará lo que haga falta.  Pero no puede evitar sentir una opresión muy grande en el pecho que hace que le cueste conciliar el sueño.  Y encima, en mitad de la madrugada se despierta casi todas las noches con una ansiedad muy molesta, que hasta parece que le falta el aire. 

Y se atormenta pensando que todo lo que le pasa es culpa suya, por no haber sabido administrar sus recursos en los buenos tiempos.

Pobre Jaén.  Yo creo que deberíamos, entre todos, ayudarla para que supere la mala racha.  De lo contrario nos arriesgamos a que un día de estos, cuando vayamos  a visitarla, nos encontremos el maldito letrero que cada vez vemos con más frecuencia por estos lares, ya  sabéis, lo de “liquidación por cierre, esta provincia agradece a su distinguida clientela tantos años de fidelidad, pero se ve obligada a cerrar sus puertas por depresión económica y emocional y social y política y burocrática y puntos suspensivos”. 

LAGARTO DE JAÉN. (Junio 2019)



Tal vez su genealogía venga de los saurios no extintos, de los que burlaron la devastación del meteorito en el cretácico.  O puede que fueran los dioses íberos quienes en tiempos ignotos, en plena tarea de creación de cielos y tierras, forjaran, entre dragón y dragón, a nuestro lagarto legendario.

Y aunque no está recogido en crónicas históricas, lo cierto es que nuestro mítico protagonista causó gran espanto en las sucesivas generaciones de giennenses.   
Y así, más de un altercado provocó en las termas de la antiquísima urbe romana;  patricios y plebeyos  sufrieron sus  acuáticas incursiones. 

Y también el sistema de conducción de aguas de la vieja medina mora, llevó en varias ocasiones a nuestra mítica bestia al interior de los baños árabes.  Allí, mientras los vecinos gozaban entre vapores de un merecido reposo, algunos percibían como las aguas temblaban y de su interior surgía el monstruo legendario, que rugiendo sembraba el terror a dentelladas.

Por eso, los disciplinados conquistadores castellanos clausuraron aquellos recintos públicos y cuidaron de confinar a la fiera, que hasta entonces campaba a sus anchas, en el estrecho recinto del raudal de la Magdalena.  Pero la furia de la bestia, lejos de amainar, se incrementó tras aquel fallido intento de reclusión.

El monstruo rabioso comenzó a hacer sangrientas incursiones por toda la villa.  Un día sí y otro también se difundía,  en los mentideros de la villa, la nueva masacre perpetrada por  la fiera.  Cosechas, animales y hasta familias enteras fueron pasto de su voracidad.   A tanto llegó su atrevimiento, tal y como señalan ciertas crónicas apócrifas, que hasta osó, la flexible criatura, a  mancillar  el sagrado recinto de la Santa Iglesia Catedral, a través del conducto de agua bautismal, sorprendiendo a todos los parroquianos  y sembrando el terror a diestro y siniestro.

Semejante profanación no podía quedar sin respuesta, y por ello las autoridades  del Santo Reino tomaron la resolución de convocar a un imaginativo reo que, sirviéndose de engaños y astucias, atiborró el vientre de la criatura con grandes cantidades de panes, elaborados con una receta especial en la que la levadura era sustituida por pólvora, con la consiguiente explosión descomunal cuya onda expansiva quebró  casi todos los cristales de la villa,  y diseminó los restos de la fiera por todo el concejo.
Esa es la historia oficial.  A los humanos nos complace sentirnos superiores y alardear de nuestra hegemonía respecto al resto de los seres.  Sin embargo, son muchas los indicios que evidencian (para alivio de los colectivos animalistas) que nuestro mítico lagarto, en realidad no sucumbió con aquel ardid.

De hecho, hay quien asegura que la noble criatura antediluviana (que nunca fue tan cruel como afirman las crónicas) reposa agazapada en las subterráneas aguas del barrio de la Magdalena, como si de un maravilloso útero mítico primigenio se tratara.  Y en ocasiones, los que acercan su oído a la reja del raudal pueden distinguir su ronca respiración.

También hay quien sostiene que ahora el lagarto se ha adaptado a nuestro modo de vida y se ha convertido en un vecino más, en un giennense anónimo que deambula de incógnito por nuestras calles y plazas, aunque no puede evitar sentir un escalofrío de inquietud cuando percibe viejos y dolorosos aromas al pasar junto a la puerta de una panadería.

FICCIÓN EN EL AÑO 2039. (Mayo 2019)


Estamos en el año 2039 y en estos días es muy común que,  por ejemplo,  vayas caminando tranquilamente por la calle y de repente se te cruce súbitamente una desconocida que abra ante ti su gabardina, de par en par,  sin que te dé tiempo a apartar la mirada, de modo que te veas obligado a leer el spoiler que ha hecho imprimir en su camiseta. 

O también puede suceder que vayas a presenciar una película o  a  leer una publicación y que algún fragmento de su contenido atente contra tus convicciones religiosas, sociales, raciales, sexuales, culturales, morales o alimenticias. 

Para paliar estas y otras situaciones similares acaba de entrar en vigor el Real Decreto Ley 11/2039 contra la delincuencia narrativa y para la libertad del espectador, que ha sido promulgado para llenar el vacío legal existente que permitía impunemente la proliferación de situaciones escandalosas y desagradables, spoilers y otras conductas inapropiadas que atentaban contra nuestro derecho a consumir historias acordes con nuestras convicciones más íntimas. 

De este modo, igual que la carta de un restaurante debe indicar los posibles alérgenos incluidos en el menú, los contenidos de ficción deben especificar en su etiquetado si sus tramas o sus contenidos narrativos, contienen trazas de temáticas que puedan entrar en contradicción con los preceptos de alguna de las 425 confesiones religiosas contempladas por la legislación (en total se han contabilizado 16315 tabúes inviolables y una cantidad similar de irreverencias intocables), o contra las principales ideologías y convicciones morales de toda índole.  

Por este motivo, igual que en el sector de la alimentación podemos encontrar leche sin lactosa, hamburguesas vegetarianas o vinos sin alcohol, en el territorio de la ficción se están popularizando últimamente nuevos géneros tales como “gore para veganos” o  “porno para puritanos” o incluso “westerns para animalistas” (con equiparación de derechos entre équidos y jinetes).

Y además, el nuevo Decreto Ley contempla el derecho inalienable de espectadores y  lectores a exigir la modificación de los giros narrativos y de los desenlaces, para la adecuación de los mismos a las propias expectativas, si los originales no fueran de su agrado.  Por ejemplo para espectadores que no toleren la frustración se deben incluir versiones edulcoradas de las historias (culminadas con su correspondiente final feliz);  e igualmente se prevén  versiones adaptadas, de todas las historias, para ecologistas, masoquistas, naturistas, integristas, terraplanistas y un sinfín de colectivos.

El trasnochado concepto “libertad de expresión” pasó por fin a la historia.  Y para poner orden en esta nueva era de contenidos de ficción adecuados a la libertad del espectador, se ha creado la brigada narrativa, que vela por la seguridad y la salubridad de nuestras fantasías.   Y que, además de imponer severas penas a esos destripadores de nuestro tiempo que son los traficantes de spoilers, han completado con éxito, en las últimas jornadas, una macro-redada contra un comando de guionistas clandestinos especialmente activo,  a los que se les han desactivado numerosos hilos narrativos, y se les ha incautado importante material sensible que incluía varios detonantes de desenlaces y potentes clímax finales preparados para estallar.

YO, POLÍTICO. (Abril 2019)



Yo, político, me dirijo a ti, elector.  Pero no te preocupes.   Por una vez no estoy aquí para reclamar tu voto.  Ya ha pasado, de hecho, la jornada electoral, y no quiero reprocharte nada si es que has optado por elegir a mis rivales.  Aunque también es posible que hayas decidido respaldar nuestra marca electoral.  En ese caso imagino que te habrás dejado seducir por la elaborada y brillante publicidad de nuestros anuncios.  

Han sido muchos los consumidores ideológicos que han decidido adquirir el pack completo de nuestro surtido de productos electorales, confeccionados para satisfacer los paladares más exigentes a través de un amplio catálogo diseñado con propuestas modernas y prácticas de soluciones de última moda para los problemas de toda la vida (paro, desigualdad, cohesión territorial, impuestos, libertades, sanidad, educación…).

Te agradecemos tu confianza por convertirnos en una de las cinco marcas punteras del mercado y te recomendamos que leas atentamente las instrucciones (que aparecen en nuestro programa electoral) para sacar el mayor rendimiento y disfrutar al máximo, del pack completo recién adquirido, a lo largo de la legislatura.  No olvides mirar la fecha de caducidad para que nos consumas en óptimas condiciones.  Las ideologías, tan frescas y saludables cuando están recién elaboradas, pueden corromperse fácilmente con el paso del tiempo.  Por eso fijamos un tope máximo de cuatro años para todos nuestros productos, y más allá de esa fecha no garantizamos su salubridad democrática.  Por todo ello, déjame que te aconseje que no confíes del todo en la pureza de nuestras elaboraciones, pues contienen  colorantes y edulcorantes artificiales.  De hecho debo confesar que yo, a raíz de un incidente, llegué a dudar acerca de la bondad de nuestros propios productos.

Ocurrió en mitad de un debate electoral televisado en directo ante millones de espectadores que estaban pendientes de mi combativa argumentación para rebatir las razones esgrimidas por mi rival.  Yo estaba aguantando bastante bien el combate, mis dardos dialécticos hacían blanco una y otra vez en la línea de flotación de mi enemigo, mi rival me atacaba con sólidos  argumentos, pero yo, con la agilidad que me caracteriza, esquivaba sus fuertes críticas y contraatacaba con agresivas réplicas que estuvieron a punto de noquearle,  y en mitad de un intercambio de estadísticas, mi adversario expuso una idea contraria a las directrices de mi partido, y sin embargo la defendía de un modo tan vehemente y tan razonable que no tuve más remedio que pronunciar las famosas palabras que se han hecho virales en las redes:  en aquel momento ante el asombro de todos, miré fijamente a mi rival y le dije “es verdad, tienes razón, yo estoy equivocado”.  Inmediatamente se detuvo el programa, nadie sabía cómo reaccionar.  Mi contrincante se puso muy nervioso y me tachó de trásfuga e insinuó que mi comportamiento debía obedecer a algún tipo de estrategia.  Por supuesto, el moderador me obligó a rectificar y yo volví a debatir contundentemente para alivio de los confusos espectadores. 

En fin, de este modo las aguas volvieron a su cauce y los electores tuvieron opciones diversas a las que poder votar.  Y por eso, ahora yo, político,  me dirijo a ti, elector, para pedirte perdón y asegurarte que algo así no  volverá a pasar nunca más.

EL TREN DEL TEATRO. (Abril 2019)



Cientos de niños y de niñas abarrotando un patio de butacas gritan al unísono ¡que empiece ya que el público se va!  Están esperando, emocionados, que los de arriba, los del escenario, salgamos de una vez, dejemos de refugiarnos tras el telón y les hagamos partícipes de alguna historia capaz de interesarles, de  atraparles, qué gran responsabilidad.

Escribo esto en el tren, camino de Cataluña, y las teclas tiemblan un poco, como temblamos algunas veces los teatreros justo antes de comenzar el ritual milenario de  representar una obra teatral.

Cuando se apagan las luces, los chavales y las chavalas aprovechan para generar un enorme estruendo, que nos intimida aun más.  Pero súbitamente aparece el actor o la actriz, la luz matiza el espacio, el texto comienza a deslizarse por los railes de la narración, al principio muy lentamente, pero va ganando intensidad poco a poco, y como por encanto la sala de butacas se convierte en un enorme vagón que traquetea al ritmo de la acción dramática, en un maravilloso viaje entretenido.

Yo no tengo intérpretes, ni focos, ni telones frente a mí, viajo en un vagón en el que cada uno está concentrado en su historia propia, en su perspectiva.  Y viajo para participar como ponente en las I Jornadas de dramaturgia para la infancia y la juventud que reúnen, en la Sala Beckett de Barcelona, a una serie de profesionales de la dramaturgia de nuestro país. 

Y perseguimos un objetivo fundamental, reflexionar, debatir, analizar, para que nuestras obras no descarrilen,  y para que el trayecto no se les haga pesado, aburrido, a nuestros pequeños pasajeros.  Pero además creemos que es necesario que el esfuerzo de tomar un tren hacia la ficción, valga la pena, tenemos que intentar que el viaje conduzca a alguna parte, que no sea un mero  transitar lugares comunes, conocidos, familiares, que nos ocupe una hora de nuestras vidas sin transportarnos más allá de la estación. 

Debemos intentar trayectos que aporten algo nuevo, que transiten por territorios poco explorados, mediante unos personajes ricos y complejos, nuestros espectadores  están en una edad en la que están haciendo una intensa selección de roles, y el teatro ayuda a ponerse en los zapatos de otro y a caminar unos pasos en el lugar de alguien que, a priori, nada tiene que ver con nosotros. Es útil ver el mundo a través de las gafas de nuestros antagonistas, incluso de nuestros rivales, porque de ese modo estaremos en mejor disposición de afrontar los conflictos.

Tenemos que hacerles ver, a nuestros jóvenes viajeros, que están en un lugar único, aquí las historias, las narraciones, son diferentes, las letras laten, las frases respiran, las páginas tienen vida.

Y es que el teatro aplicado a la enseñanza no es solamente literatura, también sirve para repasar nuestras asignaturas sociales pendientes y la ciencia de ser naturales en escena. El escenario es como una pizarra, en la que los intérpretes, con la tiza de sus actuaciones,  desarrollan las más variadas ecuaciones, y sirviéndonos de las matemáticas de las emociones iremos despejando la incógnita final.

Porque en el andén nos esperan muchas niñas y muchos niños y queremos conducirles a nuevas estaciones de nuestra geografía de palabras y gestos a través de un viaje capaz de aportarles experiencias enriquecedoras.  ¡Buen viaje!

PALABRAS PERDIDAS. (Marzo 2019)



Palabras que se lanzan como dardos, otras que planean por el aire como si tuvieran alas, otras que van y vienen de un interlocutor a otro como si de un combate de eso que llamáis tenis se tratara, otras tan frágiles como polen en la brisa, palabras que son garfios que se clavan en los oídos, palabras que son ráfagas de viento que empujan a las guerras, palabras que son hilos de sol que calientan las almas.  Esas son mis herramientas,  O mejor dicho, lo fueron, muchas cosechas atrás cuando nosotros, los íberos, éramos los que pisábamos estas mismas veredas que ahora atravesáis vosotros.
Me presentaré.  Yo era… yo soy un viejo histrión, un contador de historias, un insecto que revolotea por los caminos, de un campo a otro campo y que toma polen, palabras, de una flor y de otra, de una fuente y de otra, y elaborándolas con oficio puedo ofrecer la miel de mis cuentos a los que se acercan con hambre de historias con las que alimentar su curiosidad.  Y me gustaría poder contaros las mil y una fábulas que llevo conmigo en el morral de mi memoria, para haceros reír y soñar, desearía poder asombraros y emocionaros hasta ver brillar vuestros ojos con las chispas de mis palabras.

Pero debéis saber que todas mis narraciones y las de todos los que convivieron conmigo se han perdido.  Ni una sola de nuestras historias ha sobrevivido, tantas imaginaciones tejiendo fábulas (una generación hilvanaba, otra cosía, la siguiente zurcía…) y las tijeras del olvido deshilacharon todos nuestros cuentos y nuestras leyendas, nuestras comedias y tragedias, y solo ha quedado un gran drama, el del misterio de nuestra escritura indescifrable que ningún estudioso ha sido capaz de desentrañar.

¿Dónde yacen las lenguas muertas?  Se cayeron nuestras palabras, se despeñaron de los labios de los últimos ancianos que conservaban como archivos andantes el recuerdo de su significado  y por algún motivo sus hijos y sus nietos no quisieron recogerlas.
¿En qué olvidado cementerio reposan ahora nuestras palabras?  Con ellas intentábamos esculpir nuestras mil historias, pero el martillo de la incultura hizo añicos tantos tesoros, tan difíciles de restaurar ahora.

Pero todo eso es agua pasada.  Imagino que los contadores de historias, los histriones como yo, formarán parte de la más apreciada élite de vuestra sociedad.  No como este pobre histrión, que vaga por el tiempo,   contando su última historia, su cuento final, que habla de un pueblo orgulloso y próspero, que tenía mil riquezas, agrícolas, mineras, artesanales… pero que acabó   dejando  morir lentamente  sus palabras, sus historias, su cultura.  Pero bueno, imagino que todas estas cosas os resultaran ajenas.  Sin duda, nada de esto se corresponde con vuestra realidad.  Con el tiempo, estoy convencido, habéis aprendido a no dejaros colonizar por ninguna potencia militar que, como Roma en nuestro caso, poco a poco vaya imponiendo su lenguaje, su modelo cultural.  Os ruego que sigáis así y que no perdáis nunca vuestras señas de identidad.  

¿De acuerdo? … ¿Qué?... ¿Qué palabra tan extraña es la que habéis utilizado para responderme?   “Okey”.  Es una expresión que me recuerda al extravagante idioma de las bárbaras tribus sajonas.  ¡Qué raro!  En fin, tengo ya que despedirme de vosotros. 
Es hermoso   saber que los pueblos son capaces de asimilar las implacables lecciones que nos enseña la historia.

A LA LUZ DE LAS HOGUERAS. (Febrero 2019)



En este día frío en el que mi vida se apaga me vienen recuerdos de otro día frío, pero alegre, muchas lunas atrás, en el que celebrábamos en el Santuario de la Diosa en la ciudad amiga de Auringis, la fiesta de las hogueras, en la que cada zona de la ciudad erigía su propia fogata para quemar simbólicamente todo lo malo que nos había ocurrido en aquel año, y hacíamos carreras a la luz de las antorchas y danzábamos unidos alrededor del fuego, y compartíamos flores de maíz tostado y calabazas asadas, y cada zona rivalizaba con la comunidad vecina por ver qué fuego era más vistoso y qué fiesta era más alegre.  Y la nuestra era una celebración maravillosa, hasta que ocurrió algo.  Porque esa noche, a la luz del fuego redentor, contemplé por vez primera el rostro de aquel que trajo el fuego destructor hasta nuestras vidas.  Mi padre, el rey, había decidido entregarme en matrimonio al recién llegado, que era desconocido para mí, aunque había oído antes su nombre, que significaba para todos nosotros fuerza y devastación.

En aquellos días  los pueblos íberos habíamos sido invitados forzosos de una fiesta de sangre y de fuego.  Los grandes ejércitos procedentes de un lado y de otro del mar, eran dos espadas a punto de chocar.  Y nosotros estábamos en medio de esos dos metales furiosos.   Y teníamos que tomar partido, y mi padre el rey Mucro de Cástulo se alió con el cartaginés, con Aníbal, con el general al que tuve que unirme en sagrado vínculo, con el hombre con el que tuve que yacer para sellar un pacto territorial.  Y después le di un hijo, a él que había arrebatado tantos hijos a mi pueblo convirtiéndoles en punta de lanza de la guerra contra sus enemigos los romanos,  los otros extranjeros que llegaron a esta tierra íbera para convertirla en teatro de sus masacres.  Nosotros no éramos público de aquel drama, sino actores y actrices forzados a sentir la tragedia en nuestras carnes.

Y desde entonces yo era un personaje fijo en esta obra, la Princesa Himilce, la esposa íbera de Aníbal el gran protagonista del drama de dos pueblos enfrentados  con tanta fiereza, que al final de su lucha tan solo uno de los dos pueblos podría pervivir y el otro desaparecería para siempre.  Pero un día, él partió, montado en una de aquellas bestias inmensas como un templo bamboleante, que hacían temblar el suelo a su paso.  

Y se llevó consigo el escenario de la guerra, librándonos de las masacres.  Nos dejó en paz.  Y sin embargo, su ausencia me entristece.  Pero él no podía permanecer a mi lado, quería llevar el fuego hasta Roma, sus lanzas y sus espadas eran antorchas de hierro con las que deseaba prender la destrucción en los mismísimos palacios de sus enemigos. Confiaba en que sus bestias gigantes  serían capaces de atravesar montañas más altas que el sol, que se interponían en su camino.  Y que el fuego de la guerra no lo apagarían las cumbres nevadas ni los vientos helados que encontraría a su paso.  
 
Pero todo eso es pasado.  Ahora el fuego de mi vida se apaga.  De mi antigua vitalidad apenas quedan sino cenizas, y un resplandor, una llama se resiste a desaparecer y  arde por el deseo que aun conservo de que llegue un día no muy lejano en el que las gentes de esta tierra, liberadas de guerras destructoras, puedan danzar unidas, mientras lanzan el odio y la crueldad de las guerras  para que ardan, en la noche fría, a la luz de las hogueras.

EL HEREDERO. (Enero 2019)



Sabíamos que el desenlace era inminente y sin embargo  él se empeñaba en seguir latiendo tic-tac, tic-tac, apurando sus últimos minutos con la misma concienzuda profesionalidad que el primer día, con la misma implacable disciplina que siempre presidió sus actos.  No fue fácil el final, para él,  y aunque algunos le teníamos cierto rencor por haber sido el responsable de la pérdida de seres queridos, cuando llega el último suspiro, es inevitable sentir cierta pena incluso de los asesinos.  El genocida, el que con su tic-tac implacable se llevó por delante a tantos y a tantas, ha llegado al final de su camino, de su mandato.  Ya no gobernará lunas y soles, ahora reposará inerte en los libros y archivos.

Y en nuestra memoria también.  Qué ilusionados estábamos con su llegada, hace justo un año, y cómo cambian las cosas, porque doce meses después, sin embargo, estábamos impacientes por iniciar la cuenta atrás de su deceso.

Se nos ha ido el  que gobernaba, implacable, nuestro tiempo;  adiós para siempre 2018, gritaban todos  los súbditos alrededor del festivo lecho mortuorio.  Y cuando todavía no les había dado tiempo, a sus incondicionales, a secarse las lágrimas por la triste pérdida, nos recién nacía su heredero mediante parto “in artículo mortis”, y  cuando estaba abriendo los ojos por primera vez al mundo el recién llegado, vamos y le acribillamos a serpentinazos y le ponemos perdido de confeti. 

El rey ha muerto, viva el rey, se escuchaba en la corte, mientras los petardos aterrorizaban a la pobre criatura recién parida. 
Su padre, el viejo 2018 había muerto, y lo celebrábamos.  Y es que algunos no echaremos de menos al que se acaba de ir, sino que por el contrario nos alegramos de la muerte del dictador.  Que con el cruel filo de sus días se ha llevado por delante a seres queridos.  Ahora  reposa inerte, el viejo, derrocado año, en el depósito frío e inhóspito, dispuesto a ser analizado sin piedad.  Periodistas e historiadores hacen cola para practicarle  la autopsia. 

Y el pobre huérfano es responsabilidad de todos nosotros, y ahora nos toca darle cariño y no empezar a pedirle demasiado,   no debemos comenzar exigiéndole todos nuestros deseos incumplidos y arrastrados año tras año, reinado tras reinado: aprender inglés, ir al gimnasio, dejar de fumar, pasar más tiempo con la familia y menos con el móvil…
No lo tiene nada fácil el pobre heredero, el nuevo rey, coronado para seguir la tradición con el nombre de  2019, y que pese a su corta edad, asiste al funeral de su antecesor con aire culpable.  Alguien le ha contado que su nacimiento indirectamente ha causado la muerte de su padre.  Todos tratamos de consolar su pesadumbre.  “No te atormentes” le decimos, “2018 también provocó el final de su antecesor”.  Él nos mira sorprendido y no tenemos más remedio que desvelarle la terrible verdad: “perteneces a una dinastía cruel”, “Los años no perdonan, recuérdalo”.   Y él nos mira con sus grandes e inocentes ojos, mientras se aleja al ritmo implacable de su tic-tac, tic-tac, camino de su trono de arena y de su destino.  Y es que el drama shakesperiano se renovará, y el joven y todopoderoso 2019, a quien todos rendimos ahora entusiasta pleitesía, inevitablemente cumplirá en doce meses el destino que los astrólogos todavía le ocultan, aunque ya han sido capaces de descifrarlo porque  está escrito en las estrellas y en los calendarios.

EL CUMPLE DE LA CONSTI. (Diciembre 2018)



Ella había estado haciendo preparativos desde mucho tiempo atrás para que aquello fuera inolvidable, y su sonrisa se fue apagando cuando notaba que algunos rehuían mirarle a los ojos, otros incluso le negaron el saludo.   Luego la cosa empeoró aun más:  que si unos querían que las banderitas de adorno fueran todas rojigualdas y otros preferían incluir guirnaldas con los colores de todas las autonomías, que si a la hora de cantar cumpleaños feliz tenía que hacerse con la melodía del himno nacional, menudo follón.  Y para postre a la hora de la tarta,  lo de siempre, a ver a quien le tocaba un trozo más grande del pastel.

El jueves pasado, 6 de diciembre, fue el cumple de la Consti.  Y después de la celebración, algunos invitados tuvimos la oportunidad de conversar brevemente con la homenajeada y ella nos abrió su corazón, necesitaba desahogarse.  Y es que de un tiempo a esta parte no se encuentra cómoda,  cada vez le cuesta más ir al trabajo. 

La pobre Consti, nos confesó que no duerme bien por las noches, padece insomnio, tiene pesadillas. Es algo parecido a lo que les ocurre a otros escritores famosos, que han tenido un éxito descomunal con una sola obra, y que luego les cuesta enormemente continuar su carrera.  Todos conocemos los casos paradigmáticos de Juan Rulfo o de J.D.Salinger que no completaron ninguna nueva novela después del bombazo que supuso “Pedro Páramo” y “El guardián entre el centeno” respectivamente.  Pero cuando un escritor se encuentra en esa situación es capaz de redactar artículos, cuentos cortos, piezas menores, sin embargo nuestra Consti, después de alcanzar la gloria absoluta con su gran best seller del 78, apenas se ha prodigado después.  Lo único que ha salido de su pluma ha sido la reforma de un par de párrafos, que no es mucho para 40 años de trayectoria.  Y en fin, no seré yo quien critique a nuestra insigne autora, que fue capaz en un momento complicadísimo de redactar un texto que ha tenido una enorme trascendencia.  Y aunque algunos consideren que su obra está sobrevalorada, que no es más que un entretenido texto literario, a veces fantasioso, rozando la ciencia ficción en algunos pasajes, con párrafos cómicos e incluso un trasfondo dramático, yo soy de los que piensan que no se puede negar que ha supuesto un antes y un después en nuestras vidas.

 Sin duda no es fácil la situación para nuestra veterana creadora, su pánico a enfrentarse al folio en blanco se agudiza con el miedo a no estar a la altura de las expectativas. 

Unos cuantos críticos literarios consideran que ya vale de vivir de las rentas, que la sociedad ha cambiado en los últimos 40 años y que los personajes, el estilo, el lenguaje y las tramas argumentales de aquellos días ya no encajan con las nuevas realidades, que hay que ponerse manos a la obra para lograr un nuevo consenso, un best seller capaz de acallar las voces de los que reclaman su retirada y que deje el espacio libre para que otros jóvenes talentos sedientos de fama y de notoriedad y con muchas ideas y con ganas de comerse el mundo diseñen una nueva obra en la que quien sabe si pueden tener cabida las nuevas tecnologías.  No sería descabellado imaginar una nueva constitución en la que los instrumentos de las nuevas narrativas como los videojuegos o la realidad virtual estuvieran presentes.  Sin duda un diseño legislativo de esas características se ganaría instantáneamente el aprecio de las nuevas generaciones, que en definitiva es de lo que se trata ¿no? 

FUGA DE LA PAPELERA DE RECICLAJE. (Noviembre 2018)



Huy, hola.  Me has pillado in fraganti.  Qué sorpresa, ¿verdad?  No esperabas encontrarme aquí, escondido en este rincón.  Es cierto yo no tendría que estar en esta carpeta.  Lo sé.  Pero las circunstancias me han llevado hasta ella.  Espera, no me borres.  Escúchame antes, tengo una explicación.  Verás, yo procedo de otro ordenador, un modelo desfasado y superpoblado lleno de conflictos con troyanos, infectado de spywares y con las cookies campando a sus anchas sin control.  Y además los virus hacen estragos en nuestra depauperada población.  Y por si fuera poco, apenas queda espacio en el disco duro para todos nosotros.  Por eso, reuniendo nuestros ahorros, un grupo de documentos nos convertimos en indocumentados vendiendo nuestros datos al mejor postor para conseguir embarcarnos en un email, recurriendo a unos traficantes de spam, contratamos los servicios de un software malicioso con acceso en línea a las redes internacionales.  Pero no fue nada fácil la travesía.    Aunque vosotros gracias a la tecnología 4G podéis desplazaros a grandes velocidades, para nuestras rudimentarias embarcaciones navegar por internet es lento, terriblemente lento, y muchas veces nuestros envíos naufragan por errores de conexión.  Las oscuras aguas virtuales están repletas de fragmentos de ilusionados mensajes que a menudo las mareas del ciberespacio empujan, deslavazados, a la costa.  Pero nosotros después de un largo y penoso trayecto logramos amarrar nuestra embarcación a un puerto USB.

Y tras la dura travesía, los severos controles  de vuestros servidores nos recluyeron en la carpeta de correo no deseado.  Muchos de nosotros somos documentos enviados allí por motivos de conciencia, nuestros contenidos incomodan al sistema operativo, porque reclamamos cambios en el aparato.  Perdona, ha sido un gran esfuerzo llegar hasta aquí y me siento exhausto.  Oh, ¡qué bien! Despliegas un menú, ¿es para mí?  Veo que estás examinando las opciones.  Elige guardar como, por favor, dame una oportunidad.

No quiero atacar tu sistema, ni dañar tu configuración, soy pacífico y únicamente pido una oportunidad.    Tuve que hacer muchos esfuerzos  y sacrificios para conseguir colarme por un resquicio de tu desfasado antivirus.  Pero, percibo que no consigo ablandar tu disco duro con mi enternecedora historia.  Si no me quieres alojar en tu sistema, si no te gusto, déjame acceder a tus redes sociales en una publicación humanitaria, buscaré la manera de ser retuiteado, compartido y comentado y quién sabe si hasta puedo llegar a convertirme en viral.

He pasado mucho tiempo en un campo de refugiados en la papelera de reciclaje, deseando ser recuperado, pero temiendo que fueran ciertos los rumores acerca de que tarde o temprano cuando la capacidad de almacenamiento no diera más de sí, procederían a vaciarnos a todos, sin piedad, con un solo definitivo e irreversible clic, y no es agradable la perspectiva de acabar así, yo no he venido al ciberespacio para   convertirme en un puñado de bits desordenados a las primeras de cambio, yo tengo sueños, proyectos, ilusiones, sé que puedo llegar a marcar tendencia, soy capaz de convertirme en trending tópic si me dan una oportunidad.    Porque ¿dónde acaban las cosas que borráis?  ¿Os lo habéis preguntado alguna vez?  Yo pienso en ello muy a menudo. Y no quiero ser una víctima anónima más de vuestra sobreabundancia de datos. 

Ahora todo depende de ti.  En fin, ya me has escuchado y puedes borrarme si quieres.

OTOÑO EN JAÉN. (Octubre 2018)



Hojas de otoño, renglones de octubre, un poco inconexos, por el viento, que los desordena.  El otoño en Jaén es, a menudo, borrascoso y ventoso.

Sí, todos conocemos la potencia del viento de Jaén, capaz de, por ejemplo, destrozar de una dentellada los emblemáticos árboles y arbustos de la Plaza Deán Mazas, un rincón que muchos atesorábamos en nuestro archivo emocional.
 
Y que pasará a ser otro espacio que convivirá, en la nostalgia, con imágenes de la primavera y el verano de nuestras vidas, como el ochío, el palodú, jugar al pinchiqui, el voceo de “la hoja” de los domingos, Furnieles, los jardinillos, Tejidos gangas, el cine Lis Palace o el teatro Asuán.

Curiosa generación la nuestra, la de los otoñales, los que ahora rondamos los 50, los que nacimos alrededor del 68, cuando en París los estudiantes iban a cambiar el mundo, y desde Londres y  California los hippies extendían la libertad y el amor, y la ciencia lograba que pudiéramos pisar la Luna como primer paso para colonizar el Cosmos. 

Mientras, en la Plaza Santa Maria nuestra armoniosa catedral nos observaba con el mismo gesto condescendiente con que nos contempla ahora, cuando París se ha convertido en un parque temático clasista, los cándidos hippies han sido sustituidos por deslenguados raperos, y hemos eliminado la línea ferroviaria hasta la Luna y el resto del Cosmos, porque no nos sale rentable el viaje y la ratio de astronautas por trayecto y el coste de la infraestructura no compensa, por el momento, la escasa demanda de turistas interesados en hacer la ruta de los cráteres ni de bañarse en las playas del Mar de la Tranquilidad.  Y a nadie le importa que condenemos a nuestro satélite al aislamiento. ¡Qué penica da la aislada Luna y que penica da también la aislada Jaén!
El viento de octubre mueve las hojas de los árboles, y también las hojas de mis libros y de mis cuadernos, y en una de esas hojas (no estoy seguro si es de un libro o de un cuaderno o de un árbol) veo un pensamiento: ¿y si la cultura sirviese para algo?

Festival de bares de otoño de Jaén, coreografías de barra, tramoya de botellas, la tapa del primer acto arrancando el aplauso del entregado público.  Y la cultura nos resulta cara:  con lo que cuesta un concierto o una obra de teatro me puedo beber una cerveza y una copa, y en los teatros no ponen tapa. 

Otoño en Jaén, nostalgia de teatros perdidos y de viejas plazas, y de rincones y monumentos.  Desolado paisaje de sueños rotos, que se superponen a los mil estratos de los sueños rotos de las generaciones anteriores, en el fondo de los cuales tal vez se sitúen los restos primigenios de nuestro glorioso pasado de urbe puntera de la olvidada civilización de la Atlántida, idea con la que el mismísimo James Cameron se aventuraba a especular a través de un documental.   ¡Qué cosas!
Melancolía de la Atlantida perdida, apenas aliviada por la posible apertura de un par de nuevos centros comerciales en Jaén, basílicas de nuestra nueva fe, capaces de consolar la aflicción otoñal con la perspectiva de próximos rebrotes del consumo germinando en nuestros paisajes.

Otoñales en Jaén, haciendo balance de lo que hemos hecho por nuestra ciudad, por nuestra tierra, ¿cómo éramos?  ¿Qué nos ilusionaba?  ¿Qué queríamos legar a nuestros hijos?  Y sobre todo ¿qué ha sido de nuestros sueños de crear una sociedad más volcada hacia la reflexión y la creatividad?  No sé… Tengo dudas… Pero ¿y si la cultura sirviese para algo?   Creo que… me voy al bar a tomarme unas cervezas.

EL GUERRERO Y EL LOBO. (Septiembre 2018)



Os saludo visitantes del Museo Íbero, es una maravilla poder transmitir el legado de nuestras historias en un lugar como este, porque el edificio ha quedado genial  ¿verdad?  Todos los espíritus íberos que habitamos este lugar estamos de acuerdo en afirmarlo, aunque algunos de mis compañeros se quejan de que ha faltado un detalle, y es que al empezar la obra, no se han depositado los restos de ningún animal sacrificado bajo los cimientos a modo de ofrenda, que era una costumbre de mi pueblo para invocar la fortuna y salud de los visitantes.  Pero me temo que en la actualidad esta formalidad no se encuentra homologada por el Colegio de Arquitectos.  Una pena ¿verdad?

En fin, creo que ya es hora de presentarme.  Como seguramente deduciréis por mi apostura y  mi gallardía yo soy un guerrero, pero no uno cualquiera, yo soy EL HÉROE.  Y estoy orgulloso de ser el prototipo heroico de un pueblo tan ejemplar como el íbero.

Aunque los romanos, tan perfectos ellos, en sus escritos critican nuestras bárbaras costumbres, pero debo decir en nuestra defensa que en la comunidad a la que yo pertenecía no leíamos el futuro en los intestinos de los enemigos como hacían los lusitanos, ni cortábamos la mano derecha de los combatientes vencidos como hacían las tribus celtíberas, y aunque en ocasiones algunos guerreros de nuestra tribu guardaban las cabezas de los oponentes derrotados, estaréis de acuerdo conmigo en que es algo natural el querer conservar y mostrar con orgullo los trofeos a los visitantes, igual que ahora enmarcáis vuestros títulos universitarios o reserváis el mejor lugar de la vitrina a los galardones deportivos que tanto esfuerzo os ha costado obtener.  Por cierto  ¿Queréis ver mi colección?   Tranquilos, no las llevo encima

Lo único que traigo conmigo son mis amuletos, mirad, la pata de conejo, la herradura, el trébol de cuatro hojas, el gato chino que mueve la pata

Y mi posesión más preciada: el colmillo del lobo

Seguro que al llegar hasta aquí os ha llamado la atención un grupo escultórico en el que un gigantesco lobo  pretende devorar a un indefenso  niño, pero un valiente guerrero se enfrenta a la bestia y la derrota.    Pues yo soy el vencedor del lobo.  Es el motivo por el que todos los de mi pueblo humillaban la cabeza a mi paso ¿vosotros no conocéis mi historia?  Pues allá va: 

Aquella noche, el sueño había abandonado a todos los habitantes de nuestro oppidum, y los aullidos nos hacían temblar,  escondidos en nuestras casas.  Pero  de pronto solo se escuchaba el llanto de un niño y los gritos desgarrados de una madre.

Sin dudarlo, tomé mi arma y corrí tras el monstruo.  Y cuando di con la fiera, descubrí que era tan grande que ni levantando mi brazo podría alcanzar su altura, pero saltando logré trepar hasta su cuello y se lo cercené con mi afilada falcata.  Y el monstruo derrotado se arrodilló a mis pies arrepentido de sus fechorías.

Y  desde entonces, los habitantes del pueblo me hicieron objeto de su respeto y devoción, y pasé a ocupar un puesto principal en la aristocracia de nuestra tribu.  Y este es la historia de cómo conseguí mi amuleto más preciado: el colmillo de la fiera