La pobre
Jaén está un poco depre. Tiene la
autoestima por los suelos. Y no me
extraña. Lleva una racha de reveses y de
sinsabores muy dura. Se siente sola y
abandonada a su suerte. Y para culminar
su aislamiento, a la hora de diseñar el trazado de la nueva línea de alta
velocidad que une Granada con Madrid, le han hecho un regate a Jaén, que se ha
quedado con una cara de boba, alucinante.
Y ella no
puede entender por qué ese empeño en esquivarla, en la línea del AVE, desafiando todas las
lógicas geométricas y geográficas, como si esta fuera una tierra contaminada
que hubiera que evitar, o como si
nuestro paisaje constituyera una especie de agujero negro del que fuera
necesario alejarse, aunque para ello hubiera que trazar un absurdo giro que
alarga el viaje innecesariamente. Es
como cuando en aquellas clásicas películas del oeste, los protagonistas se veían
obligados a dar un fatigoso rodeo para evitar un territorio habitado por
peligrosas tribus salvajes. En fin, un
desatino incomprensible.
Y luego vienen
los políticos y los burócratas y le explican, a la confusa Jaén, que no se
trata de algo personal, que se ha hecho este diseño atendiendo a criterios
técnicos y a la racionalización de las infraestructuras existentes, y que
además este trazado ya se había previsto hace muchos años y ella no dijo ni
“mú”, así que ahora “chitón”.
Y ella les
dice que “sí” con la cabeza y se marcha a su cuarto cabizbaja, y allí no para
de suspirar, asomada a la ventana con la mirada perdida. Y así deja pasar las horas, sin que nada la
motive. Y se toma la pastilla que le ha
recetado el médico de los nervios. Y
solamente es capaz de esbozar una leve sonrisa cuando toma su álbum de recuerdos,
y repasa las imágenes de tiempos más
felices, en los que los romanos la convirtieron en una vía principal, eje
vertebrador del sur de la península, esos sí que sabían de geografías y de
geometrías. Qué buenos tiempos. Y luego disfruta contemplando las páginas en
los que los conquistadores moros y los reconquistadores cristianos y los
invasores franceses y los libertadores borbónicos dieron fe de su importancia
estratégica en múltiples enfrentamientos para conquistar un nudo de
comunicaciones de enorme importancia, que ahora ya no tiene ningún valor.
Pero en fin,
qué va a hacer la pobre a sus años. No se va a poner a cortar carreteras ni a
levantar barricadas. Ella es dócil y
sumisa y tragará lo que haga falta. Pero
no puede evitar sentir una opresión muy grande en el pecho que hace que le
cueste conciliar el sueño. Y encima, en
mitad de la madrugada se despierta casi todas las noches con una ansiedad muy
molesta, que hasta parece que le falta el aire.
Y se
atormenta pensando que todo lo que le pasa es culpa suya, por no haber sabido
administrar sus recursos en los buenos tiempos.
Pobre
Jaén. Yo creo que deberíamos, entre
todos, ayudarla para que supere la mala racha.
De lo contrario nos arriesgamos a que un día de estos, cuando
vayamos a visitarla, nos encontremos el
maldito letrero que cada vez vemos con más frecuencia por estos lares, ya sabéis, lo de “liquidación por cierre, esta
provincia agradece a su distinguida clientela tantos años de fidelidad, pero se
ve obligada a cerrar sus puertas por depresión económica y emocional y social y
política y burocrática y puntos suspensivos”.
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