jueves, 28 de enero de 2016

LA POBRE JAÉN. Enero 2016.

Esta mañana he estado   paseando y he visto a la pobre Jaén bastante animada.  Le he preguntado y resulta que la semana pasada estuvo de viaje.  Parece ser que se juntó con todas sus amigas andaluzas y las ocho se pusieron de tiros largos para hacer una de sus escapadas a Madrid.  Y es que les apetecía a las chicas participar en  FITUR, la Feria del Turismo, que además es una promoción que les viene muy bien a todas ellas.  Conducía Sevilla, como siempre, que es la que tiene  más desparpajo, y la que se sabe mejor el camino, además de poseer coche de gama alta.  Y  así, Jaén, con su  acreditación colgada, se ha plantado en su stand de la madrileña Feria del Turismo, tras haberse acicalado previamente con sus joyas renacentistas, íberas y de todas las épocas  y por supuesto con todo su encanto natural a cuestas, para conquistar foráneos que le hagan una visitica. Y es que, aunque ya tiene una edad, se conserva bien, Jaén,  a pesar de los pesares.  Es su naturaleza.  Y su historia.  No hay que olvidar que   fue una aristócrata  en su mediana edad y mantiene todavía algunas joyas que pudo preservar, y que no le esquilmaron los desconsiderados de turno con los que, en ocasiones,  ha convivido.  Jaén no es ignorante, es tierra cultivada, y experimentada, tiene ya muchas batallas, pero es un poco olvidadiza sin duda, aunque cuando se pone a rebuscar, en lo más hondo de su casa, encuentra mosaicos maravillosos como los de Cástulo, y hasta parece ser que guarda un teatro  romano escondido en Porcuna, que está esperando desempolvar cualquier día de estos.  El caso es que para que no le acusen de provinciana, a Jaén le viene la mar de bien viajar para estas cosas.  Además, ya hace tiempo que el sicólogo le tiene dicho que debe esforzarse por salir más, que ha pasado demasiados años encerrada en sí misma, la pobre andaba tan atareada, que hacía  siglos que no se reivindicaba y apenas tenía vida social.  Por eso, su terapeuta le insiste siempre en que tiene que dejarse de complejos absurdos y de inseguridades, y que posee muchas maravillas en su interior  para compartir, con la frente muy alta; la pobre.