Esta
mañana he estado paseando y he visto a la pobre Jaén bastante
animada. Le he preguntado y resulta que la semana pasada estuvo de
viaje. Parece ser que se juntó con todas sus amigas andaluzas y las ocho se
pusieron de tiros largos para hacer una de sus escapadas a Madrid. Y es que les apetecía a las chicas participar
en FITUR, la Feria del Turismo, que además es una promoción que les viene
muy bien a todas ellas. Conducía
Sevilla, como siempre, que es la que tiene
más desparpajo, y la que se sabe mejor el camino, además de poseer coche
de gama alta. Y así, Jaén, con su acreditación colgada, se ha plantado en su
stand de la madrileña Feria del Turismo, tras haberse acicalado previamente con
sus joyas renacentistas, íberas y de todas las épocas y por supuesto con
todo su encanto natural a cuestas, para conquistar foráneos que le hagan una
visitica. Y es que, aunque ya tiene una edad, se conserva bien, Jaén, a
pesar de los pesares. Es su
naturaleza. Y su historia. No hay que olvidar que fue una
aristócrata en su mediana edad y mantiene todavía algunas joyas que pudo
preservar, y que no le esquilmaron los desconsiderados de turno con los que, en
ocasiones, ha convivido. Jaén no
es ignorante, es tierra cultivada, y experimentada, tiene ya muchas batallas,
pero es un poco olvidadiza sin duda, aunque cuando se pone a rebuscar, en lo
más hondo de su casa, encuentra mosaicos maravillosos como los de Cástulo, y
hasta parece ser que guarda un teatro romano escondido en Porcuna, que
está esperando desempolvar cualquier día de estos. El caso es que para que no le acusen de
provinciana, a Jaén le viene la mar de bien viajar para estas cosas. Además, ya hace tiempo que el sicólogo le
tiene dicho que debe esforzarse por salir más, que ha pasado demasiados años
encerrada en sí misma, la pobre andaba tan atareada, que hacía siglos que no se reivindicaba y apenas tenía
vida social. Por eso, su terapeuta le insiste siempre en que tiene
que dejarse de complejos absurdos y de inseguridades, y que posee muchas
maravillas en su interior para compartir, con la frente muy alta; la
pobre.