jueves, 18 de septiembre de 2014

LA NUEVA PELI DE GARZÓN. Septiembre 2012.


Es una pena, porque podría ser una gran película, un thriller de denuncia como las que se hacían en los 70, tipo “Los 3 días del condor”.  La historia de Julian Assange y de wikileaks tiene todos los ingredientes de un gran guión de Hollywood.   Intrigas políticas, mentiras que enmascaran y justifican masacres indiscriminadas cometidas contra inocentes.  Y David desafiando a Goliath y publicando todos sus trapos sucios.   Y  en un giro sorprendente de la trama el gigante herido localiza
el origen de las filtraciones y procesa con escasas garantías judiciales al  militar que reveló la trama, y unas extrañas acusaciones  acorralan al chico de la película, que espera en el clímax de la historia ser salvado por el abogado estelar, el íntegro letrado que, cual superhéroe de la judicatura con toga ondeante y birrete de acero, tiempo atrás puso en serios apuros a los más aviesos villanos del orbe (al terrorismo de estado, al sanguinario exdictador chileno, a la banda etarra…).  Nuestro paisano (que podría ser interpretado por un Sean Penn, por ejemplo)  no podía faltar en la más oscura intriga de nuestros días. 
Si estas divagaciones se convirtieran en realidad y todo este material (oro puro narrativo) llegase a las carteleras a través de una gran producción norteamericana (una peliculita indie  minoritaria no nos sirve),   nos daríamos cuenta de la aberración a la que estamos asistiendo;  podríamos ver cómo desde las altísimas instancias del poder se manipula, se asesina, se extorsiona, sin  el menor pudor.  Con sonido dolby surround e imagen de alta definición,  la sangre de las víctimas masacradas impunemente que ha llegado a destapar Assange, tocarían al fin nuestra gastada sensibilidad.  Incluyendo además trepidantes escenas  de acción (en la embajada ecuatoriana) y de intrigas judiciales (Hollywood cocina divinamente este menú).  Y  podríamos vislumbrar de un modo claro, el impune juego sucio al que estamos asistiendo, dándonos cuenta de que nosotros somos parte de la historia, pues esto no es un asunto de lejanos espías que actúan en exóticos escenarios, aquí se está jugando con la posibilidad de que los ciudadanos conozcamos la verdad acerca de los manejos más sucios de nuestros gobernantes.  Nosotros éramos los destinatarios de todas estas revelaciones, y se podría haber pensado que una vez que tamañas maquinaciones llegaran al ciudadano medio, la reacción iba a ser inevitable, y la verdad se impondría y los mandatarios iban a tener que pedir excusas o bajar sus compungidos rostros avergonzados.   Sin embargo esto no ha sucedido, poca gente se acuerda de lo que wikileaks reveló y los que están en los banquillos de los acusados (peligrando seriamente sus vidas)  no son los culpables de tanta matanza y manipulación, sino los que hicieron las revelaciones.

Pero todavía hay tiempo.  No está todo perdido.  Si hubiese un productor avezado con poco aprecio por su vida.  Lástima que en Hollywood no se vayan a animar, porque allí lo bordarían.  Aunque, bien mirado, supongo que si esa película existiera,  tampoco llegaría a nuestras escasas y desamparadas salas de cine, me temo.   Casi mejor, hacemos una serie de televisión entonces,  ¿no?

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