El mundo real está bien,
tiene su encanto, pero no puede competir en estos tiempos con la realidad
virtual. Cuando me reinicio todas las
mañanas, tras pasar en estado de suspensión la noche entera, y accedo a través
de la contraseña a mi cotidiana existencia vital, lo primero que hago es dar
un bucólico paseo matutino por el
precioso jardín en alta definición que he plantado en el escritorio de mi
ordenador personal a base de verdes olivares y otras plantas autóctonas. Y tras esta diaria gimnasia que vigoriza mi
cuerpo y activa mi mente, estoy listo para mis diarias cibertareas. Me he deshecho del duplex en el que habitaba
antaño de apenas 200 metros cuadrados, porque se me quedaba pequeñito y lo he
sustituido por un espacio virtual de más de dos mil gigas de
capacidad de
almacenamiento, y en semejante inmensidad me siento dueño y señor de un
amplísimo territorio que puedo habitar a mis anchas. Mi mujer y mis hijos me echan en cara que no
escuchan mi voz desde hace mucho tiempo, y sin embargo estoy a todas horas
manteniendo conversaciones, que culpa tengo yo de que no quieran agregarse a
ninguno de mis cincuenta grupos de wassap, convertirse en mis seguidores de
twitter o al menos añadirse a mis contactos de chat. Mis vecinos y conocidos se quejan porque
afirman que de un tiempo a esta parte, no saben nada de mí, y sin embargo yo
actualizo constantemente mi página web.
Y mi sicólogo asegura que paso demasiado tiempo en soledad frente al
ordenador, el pobre no se da cuenta de que me acompañan mis 827 amigos del alma
de mi red social favorita. Y yo no estoy
en absoluto obsesionado con el facebook, lo que ocurre es que cuando me
emociona una imagen, un aroma, una sensación paseando por la calle, no encuentro la manera de pulsar ME GUSTA. En fin, me complace pensar que cuando un día,
espero que muy lejano, me vea obligado a abandonar este mundo, mis recuerdos
seguirán flotando en las memorias del ciberespacio virtual, aunque mi corazón
haya dejado de latir y mis inertes restos reposen para siempre en el coqueto
nicho que me he agenciado en una cercana y apacible papelera de reciclaje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario