Yo fui testigo, el suceso ocurrió en Nochevieja. Poco después de las 12, pude ver a unos tipos
agazapados en lo oscuro, acechando a alguien con malas intenciones, y para mi
sorpresa descubrí que esperaban al recién dimitido año 2012, que con gabardina
y sombrero de ala ancha trataba de pasar desapercibido, hasta que los
conjurados al ver que pretendía escabullirse comenzaron a gritarle y a
insultarle. “¿Qué os he hecho yo?” Se defendía agobiado. “Me he esforzado por hacer bien mi trabajo y
os he ofrecido todo lo que tenía. Os he
regalado mis 365 días, con sus noches, empaquetados en sus doce meses
respectivos, miradme bien, no me he quedado ni una hora ni un minuto para mi uso
personal, me marcho desnudo como llegué” (en ese momento el año se abrió la
gabardina, y la exhibición no dejaba lugar a dudas, no había evidencia alguna
de malversación de caudales cronológicos).
Pero el arrebato nudista no calmó a la multitud, más bien al contrario,
algún
pudoroso enardecido gritó con rabia: “tápate degenerao”, y volvieron los
reproches: “Annus horribilis” “¡¡??” “Al principio estábamos seducidos por tu
redonda simetría casi capicúa, 2012, pero pronto descubrimos que eras el peor
año, la vergüenza del siglo, los historiadores te señalarán como un año nefasto
que nos has traído a todos retroceso, ruina, fracaso”. “Sois injustos” se defendía el acusado “Es
como si culparais a un plato de contener un repugnante guiso o a un periódico
de cobijar malas noticias”. “Basta de
palabrería” gritaban los más exaltados: “ A por él”, y empezó la lluvia de
piedras y palos, hasta que un resplandor nos cegó a todos y descubrimos,
apolíneo y radiante al nuevo año que, con la fresca desenvoltura que confiere
la juventud nos miraba con una sonrisa en los labios, ofreciéndonos sus
prometedoras promociones: “Curso para perder kilos prescindiendo de la pasta,
patrocinado por el Ministerio de Economía” y “Colección de fascículos de
esperanzas (incluyendo la primera entrega una utopía de plástico hinchable)”. La confusión permitió al maltrecho 2012
escabullirse por entre las sombras de la noche, y allí estábamos todos,
seducidos por el radiante recién
incorporado. “¿Por qué sonríes?”, le
preguntó alguien. “Acabo de encontrar
trabajo”, contestó el feliz año, “es un contrato de doce meses, pero tal y como
está la cosa…”. “Enhorabuena”, gritamos
todos. “Viva 2013”. Y el año satisfecho, se vistió con las ropas
que su pobre predecesor se había dejado con las prisas, y al notar húmedo el
sombrero comprobó que estaba manchado de sangre del apaleado año anterior, por
lo que un aciago presagio recorrió su mente mientras se marchaba a su trabajo
un tanto pesaroso.
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