jueves, 18 de septiembre de 2014

LA CONSTITUCIÓN POR DENTRO. Marzo 2013.


Qué mala vida llevan los pobres artículos de nuestra insigne Carta Magna.   A primera vista parecen equilibrados y solemnes, pero la procesión va por dentro.  Por ejemplo  el  artículo 47,  el que proclama que  todos los españoles tenemos derecho a una vivienda digna, su situación es de lo más preocupante.   Acostumbraba a ser un texto enfermizo, mal alimentado, los distintos ejecutivos no han cuidado precisamente su alimentación;  atiborrado con productos de dudosa salubridad, hasta hace poco sufría sobrepeso,  estaba inflado el pobre como una burbuja.   Pero en los últimos meses se ha sometido a un tratamiento forzoso de choque y ahora mismo está en los huesos,  sus renglones torcidos son incapaces de sostenerlo, vaga trastabillando de un lado para otro, y lo peor es su estado anímico, relee una y otra vez sus precarias letras y no les encuentra sentido, y tememos por su equilibrio ya que no dice más que tonterías; por mucho que uno se esfuerza por leerlo despacito a ese pobre artículo, no tiene el menor asomo de verosimilitud.  Por no hablar del  desgraciado artículo 35, el que sostiene que todos los
españoles tienen derecho a un trabajo digno.  Estas dos criaturas están tan alejadas de la realidad que parecen delirios,  fantasías, que tendrían que habitar una novela de ciencia-ficción en lugar de un texto jurídico fundamental.  Y los demás artículos lo notan (ellos no son tontos),  pero tienen que aguantarse, aunque les contagia cierto descrédito.  En una casa tan principal,  tan suntuosa, de pilares tan firmes,  y  tan inamovible que para trasladar  un solo mueble o cambiar una sola coma se necesita  un amplísimo consenso de las cámaras legislativa (o sea que se pongan de acuerdo los que nunca lo hacen), e incluso un referéndum en el que votemos todos.  Y entre tanto esos artículos un día nos van a dar un susto y se nos van a fugar o algo peor, porque sufren pesadillas  y no pegan ojo (que si los van a desahuciar, que si no sé qué movidas con los bancos),  y a ver quién les explica que eso no va a pasar, que la “Consti”, que al principio era una especie de centro cívico la mar de mundano, se ha ido convirtiendo en un templo lleno de dogmas intocables guardados bajo siete llaves.  Pero estos dos no aguantan más.  Resulta que  el artículo del derecho a la vivienda  quiere mudarse de texto y no puede, y  el artículo del derecho al trabajo quiere dejar su mentirosa ocupación y buscarse otro curro.  Qué paradojas.  Aunque más vale que no lo hagan porque no lo tendrían fácil en la coyuntura actual y estaría feo ver a todo un par de ex-artículos constitucionales en el paro y viviendo de transeúntes en la calle.


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