Qué mala vida llevan los pobres artículos de nuestra
insigne Carta Magna. A primera vista parecen equilibrados y
solemnes, pero la procesión va por dentro.
Por ejemplo el artículo 47, el que proclama que todos los españoles tenemos derecho a una
vivienda digna, su situación es de lo más preocupante. Acostumbraba a ser un texto enfermizo, mal
alimentado, los distintos ejecutivos no han cuidado precisamente su
alimentación; atiborrado con productos
de dudosa salubridad, hasta hace poco sufría sobrepeso, estaba inflado el pobre como una burbuja. Pero en los últimos meses se ha sometido a
un tratamiento forzoso de choque y ahora mismo está en los huesos, sus renglones torcidos son incapaces de
sostenerlo, vaga trastabillando de un lado para otro, y lo peor es su estado
anímico, relee una y otra vez sus precarias letras y no les encuentra sentido, y
tememos por su equilibrio ya que no dice más que tonterías; por mucho que uno
se esfuerza por leerlo despacito a ese pobre artículo, no tiene el menor asomo
de verosimilitud. Por no hablar del desgraciado artículo 35, el que sostiene que
todos los
españoles tienen derecho a un trabajo digno. Estas dos criaturas están tan alejadas de la
realidad que parecen delirios, fantasías,
que tendrían que habitar una novela de ciencia-ficción en lugar de un texto
jurídico fundamental. Y los demás
artículos lo notan (ellos no son tontos), pero tienen que aguantarse, aunque les
contagia cierto descrédito. En una casa
tan principal, tan suntuosa, de pilares
tan firmes, y tan inamovible que para trasladar un solo mueble o cambiar una sola coma se necesita un amplísimo consenso de las cámaras
legislativa (o sea que se pongan de acuerdo los que nunca lo hacen), e incluso
un referéndum en el que votemos todos. Y
entre tanto esos artículos un día nos van a dar un susto y se nos van a fugar o
algo peor, porque sufren pesadillas y no
pegan ojo (que si los van a desahuciar, que si no sé qué movidas con los bancos),
y a ver quién les explica que eso no va
a pasar, que la “Consti”, que al principio era una especie de centro cívico la
mar de mundano, se ha ido convirtiendo en un templo lleno de dogmas intocables
guardados bajo siete llaves. Pero estos
dos no aguantan más. Resulta que el artículo del derecho a la vivienda quiere mudarse de texto y no puede, y el artículo del derecho al trabajo quiere
dejar su mentirosa ocupación y buscarse otro curro. Qué paradojas. Aunque más vale que no lo hagan porque no lo
tendrían fácil en la coyuntura actual y estaría feo ver a todo un par de ex-artículos
constitucionales en el paro y viviendo de transeúntes en la calle.
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