Qué sería de este país si,
con todo lo que está pasando, no existiera el fútbol. A mí me gusta mucho, desde pequeño he sido
socializado para vibrar ante este espectáculo de masas (me refiero al fútbol de
élite y no a los equipos que con escasos recursos sobreviven con el apoyo de
sus socios); y tal y como están las cosas puede que en un
futuro, el deporte rey deje de estar relegado
a la esfera del ocio, y ocupe un espacio político relevante como fenómeno capaz
de generar las máximas adhesiones ciudadanas.
Y cualquier día de estos vemos en nuestras calles estatuas y placas
dedicadas a Messi, Cristiano o Casillas con el fin de generar sintonía entre el
ciudadano y su entorno urbano. Y en aras
de la coherencia, las banderas futbolísticas quizás lleguen a compartir el
espacio de las organizaciones políticas o las ideologías a la hora de articular
nuestra democracia, una cámara de representantes en la que los diputados y
senadores puedan ser votados por su pertenencia a tal o cual equipo facilitaría
la identificación del ciudadano con las instituciones que le representan.
Y en esta misma línea no es
descartable la creación de un Ministerio del Fútbol, para que se traten en el
Ejecutivo las cuestiones que realmente nos preocupan y que monopolizan nuestras
conversaciones, de modo que en el Consejo de Ministros en lugar de perder el
tiempo tomando tal o cual medida
encaminada a paliar no sé qué situación coyuntural, se adopten decisiones urgentes relativas a la
destitución de entrenadores o a la alineación de tal o cual jugador o al
escándalo de aquel penalti clarísimo que no se pito y que generó enorme alarma
social. Y ya puestos se podría llegar a
implantar la materia de “Conocimientos Futbolísticos” en el plan de estudios de
nuestros centros escolares, abordando
además la cuestión vital de qué equipo es el que mejor se adecua a la
personalidad de cada estudiante, pues buena parte de la futura socialización de
nuestros niños y jóvenes en su entorno, dependerá de que hayan sacado provecho
a esta asignatura.
Puede que exagere, pero… por qué no soñar con un país en el que la
ración más suculenta y concurrida de los informativos nacionales se refiera al
ámbito futbolístico, y en el que las efusivas expresiones de júbilo masivo más
ruidosas y multitudinarias se produzcan cuando nuestros principales conjuntos triunfan en una gran
cita, en definitiva por qué no soñar con una sociedad en la que los ciudadanos
puedan evadirse de la sórdida realidad política y económica enfocando su
pensamiento crítico en los conflictos y sucesos que acontecen en nuestras competiciones nacionales e
internacionales… O tal vez ya no se
trate de sueños…
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