Si las ciudades tuvieran
memoria, Jaén recordaría todos los inicios de primavera, aquel primero de
abril, 77 años atrás, en el que unos aviones con un letal cargamento sobrevolaron, de
cerca, sus calles. Si Jaén tuviera recuerdos,
se reuniría a menudo con Guernica en tales efemérides, para hacer recuento de
las heridas de guerra provocadas por los aparatos de la Legión Cóndor, y como
viejas amigas unidas por el dolor, rememorarían aquella primavera cuyas nubes
en lugar del retorno del polen y las aves propias de esa estación, trajeron las
naves portadoras de la muerte. Y la andaluza le contaría a la vasca cómo
aquella tarde de abril fue sorprendida en plena siesta (dicen que el reloj de
la golpeada Iglesia de San Ildefonso quedó parado a las cinco y veinte) de
ciudad desprotegida que vivía de espaldas al distante conflicto bélico (tal y
cómo le reprochaba el poeta Miguel Hernández, testigo aquel día del bombardeo).
Más de 150 personas, hombres, ancianas, niños,
mujeres que hablaban y andaban y respiraban, de golpe quedaron reducidos a un
listado interminable de nombres y apellidos publicados en la prensa o
cincelados en las lápidas, quedaron transformados en un esqueleto de números,
en un sangriento sumando de muertos y heridos, al que se unieron como cifras invitadas
en aquella matemática macabra, los represaliados en los días posteriores a modo
de absurda venganza. Si las ciudades
tuvieran sentimientos, a la nuestra le costaría olvidar la agonía de los elegidos en
la lotería de fuego, los gritos de los familiares, la identificación imposible
de algunos cuerpos y los posteriores fusilamientos de enemigos, de paisanos, de
vecinos. En total cerca de trescientos
fallecidos, entre víctimas civiles inocentes y fusilados del bando contrario, aquellos primeros días
de abril de 1937. Dicen que es necesario
recordar los horrores para no repetir los errores. Pero lamentablemente las ciudades no tienen
memoria. Sin embargo, afortunadamente,
sus habitantes sí que poseen la capacidad necesaria para rememorar los sucesos
del pasado. Aunque a menudo, pudiera
parecer lo contrario.
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