jueves, 18 de septiembre de 2014

AQUEL INICIO DE ABRIL. Abril 2014.


Si las ciudades tuvieran memoria, Jaén recordaría todos los inicios de primavera, aquel primero de abril,  77 años atrás, en el que unos  aviones con un letal cargamento sobrevolaron, de cerca, sus calles.  Si Jaén tuviera recuerdos, se reuniría a menudo con Guernica en tales efemérides, para hacer recuento de las heridas de guerra provocadas por los aparatos de la Legión Cóndor, y como viejas amigas unidas por el dolor, rememorarían aquella primavera cuyas nubes en lugar del retorno del polen y las aves propias de esa estación, trajeron las naves portadoras de la muerte. Y la andaluza le contaría a la vasca cómo aquella tarde de abril fue sorprendida en plena siesta (dicen que el reloj de la golpeada Iglesia de San Ildefonso quedó parado a las cinco y veinte) de ciudad desprotegida que vivía de espaldas al distante conflicto bélico (tal y cómo le reprochaba el poeta Miguel Hernández, testigo aquel día del bombardeo).

Más de 150 personas, hombres, ancianas, niños, mujeres que hablaban y andaban y respiraban, de golpe quedaron reducidos a un listado interminable de nombres y apellidos publicados en la prensa o cincelados en las lápidas, quedaron transformados en un esqueleto de números, en un sangriento sumando de muertos y heridos, al que se unieron como cifras invitadas en aquella matemática macabra, los represaliados en los días posteriores a modo de absurda venganza.  Si las ciudades tuvieran sentimientos, a la nuestra le  costaría olvidar la agonía de los elegidos en la lotería de fuego, los gritos de los familiares, la identificación imposible de algunos cuerpos y los posteriores fusilamientos de enemigos, de paisanos, de vecinos.  En total cerca de trescientos fallecidos, entre víctimas civiles inocentes y fusilados  del bando contrario, aquellos primeros días de abril de 1937.  Dicen que es necesario recordar los horrores para no repetir los errores.  Pero lamentablemente las ciudades no tienen memoria.  Sin embargo, afortunadamente, sus habitantes sí que poseen la capacidad necesaria para rememorar los sucesos del pasado.  Aunque a menudo, pudiera parecer lo contrario.

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