Y pronto habrá que volver a
votar en Europa, parece ser. Y aunque el
sistema de votación deje bastante que desear y sea más que discutible y acaben
ganando los de siempre, pese que a base de sonrisas forzadas todos traten de
esconder su decepción; en fin, a pesar
de todos los pesares creo que volveré a votar, porque nos jugamos mucho en aras
del prestigio de nuestro país y de todo el continente. Y además porque podemos escoger entre una
serie de fantásticos candidatos, que reúnen multitud de magníficas cualidades y
que están la mar de preparados y han hecho un durísimo trabajo ensayando día
tras día sus actuaciones y su coreografías… porque hablo del Festival de
Eurovisión, por si alguien aún no lo había adivinado. Sin embargo, estas no
son
las únicas votaciones a las que se enfrenta nuestro continente durante el mes
de mayo, también se celebran, días después, las Elecciones al Parlamento
Europeo, que tampoco están mal del todo, aunque no tengan el caché ni el
currículum de los sufragios de Eurovisión.
Pero también es verdad que con cierta frecuencia, numerosos
participantes desafinan más de la cuenta, y de vez en cuando algunos dan la
nota invocando, con sus trasnochados aullidos, a los más bajos instintos, o tratando de
conectar con sus legiones de incondicionales fans, emitiendo ensordecedores
griteríos que enmascaran sus pobres
letras que se reducen a estribillos pegadizos sin apenas sustancia real ni
contenido. Y ahora hablo de las
Elecciones al Parlamento Europeo… por si alguien aún no lo había
adivinado. En cualquier caso, vota
Europa, vota, porque resulta casi milagroso que las mismas naciones que décadas
atrás se masacraban unas a otras en crueles guerras genocidas, sean capaces
ahora de compartir espacios económicos, políticos y sociales y se hayan dotado
de unas instituciones comunes y hasta de
un Festival de la Canción en el que todas las europeas y todos los europeos
podemos ejercer libremente nuestro inalienable y democrático derecho a elegir a
nuestros legítimos representantes musicales para la próxima legislatura melódica. Nada menos.
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