jueves, 18 de septiembre de 2014

RAZONES PARA EL OPTIMISMO. Mayo 2013.


No hay que tirar la toalla (sería un despilfarro en los tiempos que corren), hay razones para el optimismo.  Estamos en Primavera y como las estaciones y las flores afortunadamente no ven el Telediario, ha vuelto a estallar la vida (y las alergias
también todo hay que decirlo) ajena al desánimo, y el sol alumbra y nos calienta  (y de qué manera a ciertas horas) como si la prima de riesgo y el déficit estructural no pusieran en grave peligro el equilibrio del cosmos universal.  Y debemos congratularnos de que en los próximos meses no hay previsto ningún nuevo fin del mundo, los mayas, Nostradamus y compañía desde su reposo eterno, nos dan un descanso temporal, y no se acaban ahí las buenas noticias, porque nuestros pantanos están a tope (aunque con serio riesgo de desbordamientos, pero no se puede tener todo en esta vida).  Y paseando por Jaén podemos constatar a diario que tenemos una de las redes tranviarias más avanzadas, aunque en desuso por falta de recursos, ya lo sé, pero las vías adornan un montón.  Y debemos sonreír, porque ni la Troika ni la Comisión Europea ni el BCE ni el FMI o demás siglas siniestras nos han “sugerido” todavía un impuesto que grave la ironía o el humor, aunque ahora que lo pienso no debería incluir este punto, por si alguien en Bruselas lee este diario, que no hay que andar dando ideas a gentes tan imaginativas.  Y que por mucho que nos presionen los números, no será posible privatizar determinadas parcelas relacionadas con lo público, tales como el calor del público,  la opinión pública o el escándalo público.  Y en definitiva, tenemos que sentirnos orgullosos, porque podremos presumir ante las futuras generaciones de haber vivido una de las épocas más llamativas y exóticas de los últimos tiempos, que ya para entonces habrá caído definitivamente en el olvido:  aquel viejo sueño llamado: “el estado del bienestar”. 

Fue bonito mientras duró.  Pero no hay que ponerse nostálgicos, hay que ser positivos.  ¡Y que nos quiten lo bailao! (Ah, y no me refiero a ninguna penalización retroactiva sobre verbenas y similares, que nadie me malinterprete, por favor).

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