Ea, pues eso, que ya está
aquí el verano otra vez. Ha llegado de
improviso, con sus bermudas, sus playeras y sus gafas de sol, y se nos ha
plantado en casa, y allí lo tenemos, tumbado a la bartola y tomando
refresquitos la mar de feliz. Y hombre,
es verdad que todos sabíamos que tocaba ya, que podía presentarse de un momento
a otro, pero yo qué sé, la actitud no es la correcta, suponíamos que esta vez
el verano sería consecuente con la situación macroeconómica y demás, pero qué
va, ahí está, relajado y feliz como si con él no fuera la cosa. Y nosotros sin hacerle caso porque tenemos un
país patas arriba y una economía en entredicho, así que no podemos andar perdiendo el tiempo con
estaciones perezosas que se nos plantan
de repente y por la cara en
nuestro domicilio.
Y claro, como estamos todos tan atareados buscando trabajo o echando
horas extras, el verano nos mira extrañado con esos ojos brillantes como soles,
porque sabe que nosotros éramos de los que en julio y en agosto estábamos todo
el santo día recostados en el asiento del chiringuito. Y hemos tratado de explicarle que no es oportuna
su visita, que somos un país que está atravesando un momento muy delicado y que
en esta coyuntura no estamos para piscinas ni para murgas, pero el verano erre
que erre, con su sol encendido a máxima potencia y abanicándose con el pay-pay
sin atender a razones. Y por eso nos tuvimos que juntar los vecinos de la
comunidad y decidimos que lo teníamos que echar, que no están las cosas para
mantener parásitos, y hasta iniciamos negociaciones con el otoño, que al final
nos presentó un presupuesto muy apañado para una ampliación de contrato la mar
de práctico, y en esas estábamos, a punto de darle la patada al verano, cuando
de la noche a la mañana se nos han plantado enfrente millones y millones de
turistas de piel rosada perfectamente equipados con sus tarjetas de crédito
respectivas, y como es de sabios rectificar, aquí estamos el verano y yo pasando
todo el santo día en el chiringuito, la mar de animados los dos como en los
viejos tiempos, aunque esta vez sea desde el otro lado de la barra…
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