martes, 27 de junio de 2017

JAÉN NO GANA PARA BERRINCHES. Junio 2017.

Ea, ya la hemos fastidiado otra vez.    Ahora que parecía que la cosa podía empezar a enderezarse, vamos y la liamos parda.  ¡Joé!  ¡No hay manera!  Ya hace tiempo que papá Ayuntamiento y mamá Junta, estaban de morros, e incluso los vecinos del bloque rumoreaban, por lo bajini,  cosas sobre el matrimonio, como por ejemplo que andaban tramitando los papeles del divorcio y patatín y patatán, habladurías malintencionadas seguramente, pero sí es verdad que  a ciertas horas  se les escuchaba discutir, a la pareja, con voces y con improperios, mientras la chiquilla se encerraba en su cuarto y ponía los cascos a todo volumen para aislarse, la pobre.

Y es que la pequeña Jaén, es muy espabilada para su edad y se da cuenta de todo y no lleva nada bien el conflicto de sus papis, y la cosa está llegando a unos niveles, que el otro día les tuvo que lanzar, la muchacha, un ultimátum:  “Yo no os pido que os queráis como cuando erais novios, que os he visto en las fotos de esos años y estabais todo el tiempo dándoos besos y consensos y pactos y achuchones y esas cosas que hacen los enamorados, yo entiendo que lleváis mucho tiempo de vida política y de matrimonio gubernamental en común, y ya ha desaparecido la pasión amorosa de los primeros años, pero por favor, no estéis todo el tiempo tirándoos los trastos a la cabeza.  Tenéis que hacer un esfuerzo por mí.  Y si no me hacéis caso, voy y me lanzo a la calle a gritar a los cuatro vientos que no me quieren en casa y que soy muy desgraciada”.  Y parecía, por la cara pensativa que se les quedó a sus progenitores tras la protesta, que habían tomado nota, que tenían intención de rectificar, que la cosa empezaba a reconducirse.  Y hete aquí que resulta que ahora vuelven a las andadas.  Y nada menos que con un regalo muy chulo que le iban a hacer a la niña: lo del Museo Íbero, que resulta que a Jaén le hacía una ilusión tremenda, porque por fin iba la peque a presumir en clase; que sus compañeras pijas en cuanto pueden se llevan al cole sus regalos recién inaugurados para darles envidia  a las pobretonas como Jaén, y le restriegan en sus morros sus flamantes aeropuertos y sus museos picassos y sus estaciones de AVE y sus hospitales nuevecitos,  y resulta que para una vez que la pequeña Jaén iba a poder fardar de papis guays, van y se lo chafan, diciendo que resulta que el abuelito paterno, o sea el Estado Central, no le da permiso a mami para que… en fin líos de mayores, que cuando quieren hacerse la puñeta se enredan con papeleos y con tonterías burocráticas.  Y la chiquilla ha pillado un rebote, que se ha encerrado en su cuarto y no hay quién la haga salir.  Y razón no le falta, que bastante ha aguantado ya la criatura.  Y el caso es que si hablas con sus padres te das cuenta que a la niña la quieren mucho, a su manera, igual que el abuelito, que aunque tenga ese genio que tiene, para él la familia es lo principal, aunque a Jaén la tiene un poquillo discriminada, las cosas como son, por la falta de roce será, seguramente.  El problema, creo yo, es que son todos un poquito egoístas a la hora de exteriorizar su amor con la chiquilla y no se dan cuenta de que la pobre Jaén, lo que realmente necesita es una familia unida y fraternal que cuide de ella con cariño desinteresado.  Que está en una edad muy delicada, la criatura.

JAÉN SE VA A LA MANI. Junio 2017.

La pobre Jaén está un poco preocupada con todo esto de la mani de esta tarde que se ha organizado para reclamar sus derechos.  Jaén ha oído que va a salir todo el vecindario a la calle clamando por sus justas reivindicaciones, y ella, abrumada, dice que no hace falta que se molesten, que se lo agradece muchísimo pero que con la intención basta, no vaya a ser que a alguna criatura le dé una lipotimia por andar al solanero a esas horas.  Que al fin y al cabo ella lleva muchos años así, ninguneada, y ya se ha hecho el cuerpo, la pobre mujer, a seguir así para los restos.  Y además tiene un poco de regomello, la buena de Jaén, porque no sabe si alguien importante se molestará con ella, y no vaya a ser que su hermana mayor la de Sevilla, o su prima  rica la de Madrid, la pongan a parir, y le hagan cruz y raya a partir de ahora, por contestona y por significarse más de la cuenta.  La pobre Jaén, no se da cuenta que en estos tiempos el que no llora no mama.  Pero sus familiares le hemos dicho que la mani no es solo por ella, que es también por sus hijos, por sus nietos, porque tengan un futuro más digno y dejen de tomarnos a todos por el pitounsereno.  Y parece ser que la hemos convencido entre todos, y Jaén está preparando la crema solar de los viajes del IMSERSO  y la gorra de recoger aceitunas y las chanclas que se pone cuando va de romería, y se va a echar a la calle a corear eslóganes y lo que haga falta, que ella para sí, con poquito se apaña, pero si se trata de defender a los suyos ella acude a dónde haga falta.  Así que tenemos que ir todos esta tarde a acompañarla, que se sienta arropada, la pobre mujer.

IMAGINANDO A MACHADO. Mayo 2017.

He vuelto a soñar con Baeza.  Con su campo y también con sus calles.  Soy Antonio Machado.   Poeta.  Una de esas personas cuya materia prima son las letras, y que trata de recrear sentimientos con sus versos, con sus frases.  Elegir palabras, ordenarlas, esa era mi dedicación.   Como un extraño alquimista que sumerge las letras recién recolectadas en un recipiente que remueve y cuece, hasta que los distintos significados se han mezclado formando un brebaje armónico, que ingerido, roza, acaricia, estremece,  los sentidos del lector, del oyente.
Como os decía, he vuelto a soñar con Baeza, y en mi sueño, caminando, iba hasta el  Instituto de Bachillerato en el que impartí clases durante largos años.  En mi vieja aula, todo estaba igual, pero a la vez, todo era muy diferente.  No había alumnos, sino visitantes, y alguien les hablaba de mí a los turistas.
Comenzaba contándoles que fui un profesor de instituto al que habían destinado a Soria y que en aquella ciudad castellana me enamoré de Leonor, ella era casi una niña, tenía 14 años, mientras que yo podría, por edad, haber sido su padre.  Sin embargo su familia accedió a la boda y meses después nos casamos.  Y como me concedieron una beca en París, nos fuimos a vivir a la capital del amor.  La nuestra era una historia de alegrías y mieles, hasta que Leonor enfermó súbitamente de tuberculosis y tuvimos que volver a Soria.  Y poco después mi mujer murió, con apenas 18 años.   Huyendo de los recuerdos, solicité mi traslado a Baeza.  Pero la tristeza vino conmigo, como un fantasma oculto, agazapado en el doble fondo de los baúles del alma. 
He vuelto a soñar con Baeza, y con aquellos días en los que tomé la decisión de irme a vivir allí.  Tiempo después llegué a confesarle a Juan Ramón Jiménez, que había barajado, incluso, la idea del suicidio.  Pero finalmente decidí arrastrar mi herida por estas tierras giennenses.  Amueblé de soledad  las largas tardes baezanas.  Con mis  primeros “Campos de Castilla” recién cultivados, la melancolía  engendró mis nuevos poemas  durante los siete años en los que deambulé por estos caminos, trazando estelas efímeras en el mar de olivos. 
He vuelto a soñar con Baeza, y con las clases de lengua francesa que impartía en aquel viejo y noble instituto.  Mientras, en Europa  atronaba la guerra.  Yo en Baeza, trataba de enseñar  palabras en francés, sin embargo en aquellos años, en Francia  las balas y las bombas eran el lenguaje de los patriotas,  en pleno fragor de la Gran Guerra. 
Las conjugaciones francesas colisionaban contra las declinaciones alemanas y los caracteres cirílicos rusos y el alfabeto turco y la lengua inglesa y la italiana, no eran capaces de entablar un diálogo más allá de los ultimatums y de las amenazas.    Estaba enseñándoles  a los jóvenes de Baeza una lengua herida por las dentelladas del conflicto que asolaba Europa. 

He vuelto a soñar con Baeza y con su campo.  Yo era un caminante, y en mi ruta  no estaba Jaén, ni Baeza, pero andando, el camino me llevó a recorrer estas tierras.  Han pasado ya cien años del destierro baezano.    Sin embargo,  una y otra vez, vuelvo a soñar con aquellos melancólicos días, e interminables caminos de piedras, de esplendor, de polvo, de serenidad, porque tal y como dejé escrito:  “Campo de Baeza, soñaré contigo cuando no te vea”.

IMAGINANDO A JUAN RUIZ. Abril 2017.


Desde la Fortaleza de La Mota de Alcalá la Real, dirijo la mirada hacia la ciudad.  Han pasado más de siete siglos.  Esta no es la Alcalá medieval de mi tiempo, está muy cambiada.  
Antes de proseguir debo presentarme.  Soy Juan Ruiz, casi todos me conocen como El Arcipreste de Hita.  ¿Qué pasa?  ¿No corréis a pedirme que os firme un ejemplar de mi obra?  ¿No queréis haceros junto a mí uno de esos retratos?  ¿Cómo los llamáis?  ¿Selfies?  Ah, ya entiendo.  Me consideráis un autor antiguo, desfasado.  Pero debéis saber que si en mi época hubieran existido estos premios literarios a los que ahora tanta importancia les otorgáis, mi gran obra “El libro del buen amor”, me habría hecho acreedor de los mayores galardones.  Pero en mis días, las instituciones que se interesaron por mi texto, no pretendían premiarme, sino castigarme, pues los guardianes de la moral de mi tiempo,  consideraban blasfemas algunas partes de mi libro.  Pues debéis saber que aunque yo fuera un Arcipreste, un cargo eclesiástico, mis enemigos decían que mi obra era heterodoxa y anticlerical.  A pesar de que tuve mucho cuidado de adornar el libro con  fragmentos sacros,  muchos decían que tras aquella fachada de virtud, se ocultaba una obra defensora del amor libre y que contenía fragmentos libertinos.  En definitiva me acusaban de ponerle una vela a Dios y otra a Venus. Y es que la virtud y el pecado, lo sagrado y lo profano, a veces iban de la mano en mi época.  Y para más inri compuse mi libro en la cárcel, iniciando una insigne costumbre a la que en siglos sucesivos se irían sumando Cervantes o Quevedo u otros señalados autores entre los que hay dos grandes poetas vinculados a Jaén:  San Juan de la Cruz y Miguel Hernández.  Por alguna extraña razón, a las musas les gustan las celdas.  En fin, cuánto ha llovido desde aquellos días en los que compuse mi obra.  Y desde entonces, los torrentes del tiempo han arrastrado consigo las huellas de mi origen.  Qué sino el de esta tierra de Jaén, latitud amnésica que olvida a sus creadores y pierde los documentos que atestiguan el nacimiento de sus autores más señalados.  A menudo me junto con otro paisano de discutida cuna, el poeta Jorge Manrique, y ambos nos lamentamos de nuestro limbo natal.  Pero yo estimo mucho a esta tierra y por eso he traído conmigo a los personajes principales de mi obra, para que me acompañen hoy en esta visita a mis probables orígenes.  Don Melón y Doña Endrina, Don Carnal y Doña Cuaresma y la vieja alcahueta Trotaconventos, se complacen recorriendo las moriscas huellas de la villa, huellas árabes que también se encuentran en mi obra y que tal vez indiquen que esta sea la Alcalá real de mi nacimiento.  Pero no soy capaz de asegurarlo.  Y en parte fue olvido mío, pues en mi obra indiqué que era nacido en Alcalá pero olvidé precisar el apellido de mi patria chica.

Alcalá de Henares y Alcalá la Real se disputan el honor de ser mi cuna.  Y yo no sé discernir, ha pasado demasiado tiempo.  Pero yo las quiero a las dos, si he de seros sincero.  No me hagáis elegir, pues tengo amor de sobra para mis dos preciosas villas de nacimiento.  Al fin y al cabo, parir a un autor tan ilustre, es tarea que excede las capacidades de una sola población, y por ello hizo falta la conjunción de dos maternales villas para traerme a mí al mundo.

IMAGINANDO A JORGE MANRIQUE. Marzo 2017.

Y aquí estoy de nuevo, en la puerta de mi casa en la  noble villa de Segura de la Sierra,  que me vio nacer.  Aunque, otros dicen que mi alumbramiento tuvo lugar en las tierras palentinas de Paredes de Nava.  Pero al ser yo tan menudo, no guardo memoria del acontecimiento. 

Perdonad,  no me he presentado.  Mi nombre es Jorge Manrique. 
¿Me conocéis?  Seguro que la posteridad ha preservado mi arrojo y gallardía en las muchas acciones militares en las que tomé parte ¿verdad?  ¿Cómo?  A qué vienen esas expresiones de asombro.   ¿No sabíais que fui un guerrero?   ¿Qué decís?  Ah.  Solo conocéis mis coplas.   Qué paradoja, que un militar tan curtido como  yo, haya pasado a la historia por un llanto. 

Sí.  Habéis acertado.  Soy el autor de las coplas a la muerte de mi padre  Rodrigo Manrique que fue maestre de la orden militar de Santiago aquí en Segura de la Sierra.   ¿Qué decís?  ¿Qué mi obra se ha convertido en la más grande elegía en lengua castellana?  Me alegra saberlo.  La verdad es que procedo de una casta de  poetas y guerreros, pues en mi tiempo el ejercicio de las letras y las armas iban a menudo de la mano.  Entre mis parientes estaban nada menos que Garcilaso de la Vega, o el Marqués de Santillana,  primo de mi madre, que se inspiró en sus viajes a estas zonas para crear sus memorables serranillas.

Y también fue mujer muy principal, mi propia madre, Mencía de Figueroa, que era natural de Beas,  y que murió cuando yo era niño,  y tras su triste deceso, sus restos llegaron a reposar por un tiempo en Orcera.  El dolor que me produjo tal pérdida fue horrible, pero aun no dominaba yo las armas poéticas, y no era capaz de clavar con precisión la espada literaria en el corazón del lector. 

Pero cuando mi pobre padre falleció tras un penoso cáncer que desfiguró su noble faz,  sentía la necesidad de expresar el dolor que me causó su muerte y quería también reflexionar sobre la fugacidad de las cosas mundanas.     De eso sabemos mucho en estas tierras de Segura y en otros enclaves de Jaén, que eran joyas de valor incalculable para la corona castellana en aquellos días.  Cuántas fortalezas se levantaron aquí, cuantos nobles y cuantas riquezas en este lugar se forjaron y qué acciones de gran bravura y honor se ejercitaron, y ahora…   ¿dónde han ido a parar tales glorias, y tales bellezas, y tales grandiosidades?,  ¿qué fue de todos aquellos nobles hombres y excelentes damas que colmaban  de grandeza estos lugares?

El caso  es que por estas tierras de grandes ríos, discurrió un buen tramo  del cauce de mi existir,  pues qué otra cosa son las humanas vidas sino caudalosos ríos que van a dar a la mar, que es el morir.  Y así mis aguas vitales pasaron plácidas por Chiclana de Segura, en dónde   fui nombrado Comendador, y también el río de mi vida  se precipitó en forma de violenta cascada  por la villa de Baeza en dónde tras una desgraciada acción militar, murió mi hermano y yo mismo permanecí un tiempo preso.


Y 40 años después de que aquella breve fuente de mi nacimiento empezara a brotar en un paraje serrano, el río de mi vida, llegó a su desembocadura cuando guerreaba por mi señora la reina Isabel de Castilla.  Aunque me consuela saber, que mis versos desbordados han seguido regando durante largos siglos el ingenio y la imaginación de generaciones enteras.