Ea, ya la hemos fastidiado otra vez.
Ahora que parecía que la cosa podía empezar a enderezarse, vamos y la
liamos parda. ¡Joé! ¡No hay manera! Ya hace tiempo que papá Ayuntamiento y mamá
Junta, estaban de morros, e incluso los vecinos del bloque rumoreaban, por lo
bajini, cosas sobre el matrimonio, como
por ejemplo que andaban tramitando los papeles del divorcio y patatín y
patatán, habladurías malintencionadas seguramente, pero sí es verdad que a ciertas horas se les escuchaba discutir, a la pareja, con
voces y con improperios, mientras la chiquilla se encerraba en su cuarto y
ponía los cascos a todo volumen para aislarse, la pobre.
Y es que la pequeña Jaén, es muy espabilada para su edad y se da cuenta
de todo y no lleva nada bien el conflicto de sus papis, y la cosa está llegando
a unos niveles, que el otro día les tuvo que lanzar, la muchacha, un
ultimátum: “Yo no os pido que os queráis
como cuando erais novios, que os he visto en las fotos de esos años y estabais
todo el tiempo dándoos besos y consensos y pactos y achuchones y esas cosas que
hacen los enamorados, yo entiendo que lleváis mucho tiempo de vida política y
de matrimonio gubernamental en común, y ya ha desaparecido la pasión amorosa de
los primeros años, pero por favor, no estéis todo el tiempo tirándoos los
trastos a la cabeza. Tenéis que hacer un
esfuerzo por mí. Y si no me hacéis caso,
voy y me lanzo a la calle a gritar a los cuatro vientos que no me quieren en
casa y que soy muy desgraciada”. Y
parecía, por la cara pensativa que se les quedó a sus progenitores tras la
protesta, que habían tomado nota, que tenían intención de rectificar, que la
cosa empezaba a reconducirse. Y hete
aquí que resulta que ahora vuelven a las andadas. Y nada menos que con un regalo muy chulo que
le iban a hacer a la niña: lo del Museo Íbero, que resulta que a Jaén le hacía
una ilusión tremenda, porque por fin iba la peque a presumir en clase; que sus
compañeras pijas en cuanto pueden se llevan al cole sus regalos recién
inaugurados para darles envidia a las
pobretonas como Jaén, y le restriegan en sus morros sus flamantes aeropuertos y
sus museos picassos y sus estaciones de AVE y sus hospitales nuevecitos, y resulta que para una vez que la pequeña
Jaén iba a poder fardar de papis guays, van y se lo chafan, diciendo que
resulta que el abuelito paterno, o sea el Estado Central, no le da permiso a
mami para que… en fin líos de mayores, que cuando quieren hacerse la puñeta se
enredan con papeleos y con tonterías burocráticas. Y la chiquilla ha pillado un rebote, que se
ha encerrado en su cuarto y no hay quién la haga salir. Y razón no le falta, que bastante ha
aguantado ya la criatura. Y el caso es
que si hablas con sus padres te das cuenta que a la niña la quieren mucho, a su
manera, igual que el abuelito, que aunque tenga ese genio que tiene, para él la
familia es lo principal, aunque a Jaén la tiene un poquillo discriminada, las
cosas como son, por la falta de roce será, seguramente. El problema, creo yo, es que son todos un
poquito egoístas a la hora de exteriorizar su amor con la chiquilla y no se dan
cuenta de que la pobre Jaén, lo que realmente necesita es una familia unida y
fraternal que cuide de ella con cariño desinteresado. Que está en una edad muy delicada, la
criatura.