martes, 27 de diciembre de 2016

LOS FUNCIONARIOS DEL TIEMPO. Diciembre 2016.


Dosmildieciseis, ese viejo actor, que tan prometedor resultó en sus inicios, desgrana ahora en el escenario del gran teatro mundo, sus últimos diálogos, sin la frescura y la lucidez  que exhibía al inicio de la función.

Los funcionarios del tiempo miran el reloj con cierta premura, mientras vigilan de reojo, el escenario.  Encima de las tablas, el año 2016 se esfuerza por entretener al respetable.  Pero no lo tiene fácil, la gente está un poco cansada de la obra.

Los tramoyistas del tiempo, lo notan y se hacen una señal.  Entre bambalinas, apremian al actor para que recoja los trastos, desmonte la iluminación y el sonido,  y desaloje el escenario.  El público también está de acuerdo, las réplicas del viejo año ya no provocan aplausos y vítores en el patio de butacas,  el desgastado maquillaje removido por el sudor, da una apariencia patética al fatigado año, el vestuario, lleno de manchas  y de remiendos (ha sido una representación dura y ha sido necesario inventar  todo tipo de cabriolas e improvisaciones  para distraer al impaciente aforo), desagrada a la concurrencia.  El tozudo año, sin embargo, se empecina en desgranar los últimos diálogos de su texto,  las últimas letras, números, minutos, de su guión.  Pero casi  nadie escucha ya su soliloquio.  A todos les resulta previsible el desenlace, no hay emoción, ni tensión dramática en sus últimas escenas.

En lugar de mirar hacia el escenario, todos los espectadores giran el cuello, buscando ilusionados la cartelera de novedades, allí, bajo el rótulo de “próximamente”, el respetable está ansioso por ver  el cartel que anunciará  el inminente estreno del nuevo año.  Dosmildiecisiete es el título de la anhelada superproducción,  que promete  ser un éxito seguro para todos, repleta de  hallazgos  y  de emocionantes novedades.
Los tramoyistas del tiempo, han desmontado al fin el tinglado de días, horas, minutos y meses, con  autoritaria brusquedad, y en el patio de butacas  el desanimado artista constata su nueva condición de ser anónimo, nadie quiere un autógrafo ni un selfie.

Se cambia, deprisa, en el camerino.   Los periodistas llaman a su puerta.  Él se empeña en contarles nuevos  planes, pero los reporteros solo quieren un breve resumen de la obra que al fin termina (en realidad están preparando la necrológica), antes de asistir a la rutilante presentación del nuevo año.

Los publicistas del tiempo exhiben los carteles del nuevo ídolo, incitando a las masas para que lo vitoreen, mientras reparten publicidad y listas de deseos y buenos propósitos para el año entrante.  El  extenuado 2016 ha ido a por la furgoneta, los funcionarios del tiempo le han dejado bien claro que no quieren retrasos, el escenario debe quedar despejado a tiempo;  y cuando  vuelve a escena para recoger, comprueba atónito que  ya está preparada la escenografía del nuevo año,  y constata que se trata de su propio decorado, reciclado, y entre bambalinas descubre que el nuevo año, que hace ejercicios de calentamiento antes de entrar en escena, es casi un clon de sí mismo.  Sin embargo, los funcionarios del tiempo han conseguido que las masas  ansiosas jaleen y compren todo lo relacionado con el nuevo ídolo. 

Cabizbajo,  el año saliente se retira, tambaleante, mientras, al tropezar,  se escurren las últimas horas de su cuerpo gastado.


LA CARTA DE JAÉN. Diciembre 2016.


La más pequeña de la familia Jaén anda un poco preocupada.  Ya sabemos que estos días  los peques de la casa tienen una ilusionante obligación:   escribir la carta de los Reyes Magos.  Pero la verdad es que a nuestra entrañable y pequeña ciudad no le gusta demasiado esta costumbre, y está hecha un lío.
La joven Jaén se siente un poco condicionada por sus padres.  Mamá, que es la Junta de Andalucía, le anima para que la peque,  pida a sus Majestades de Oriente, el  paquete completo del tranvía.  Pero papá Ayuntamiento no lo tiene tan claro, porque cree que es un juguete poco práctico y que le va a tocar gastarse un pastón en pilas y en mantenimiento.  Y en fin, la niña está en medio y le da mucha cosa que se peleen por ella. 
Es más, por las noches cuando sus padres creen que ella duerme, se ponen a discutir, y ella, que finge tener los ojos cerrados, se entera de todo,  y luego tiene pesadillas y por la mañana se levanta cansada y triste.  La pobre teme que como sigan así las cosas,  sus padres antes o después acaben separándose por su culpa.
Y no es que la vida familiar de los Jaén sea siempre conflictiva, a ella le encanta cuando mamá Junta y papá Ayuntamiento, la cogen de la mano, y se la llevan a poner primeras piedras o a cortar cintas e inaugurar cosas.  Sobre todo cuando hay periodistas de por medio.  Porque esos días se llevan fenomenal, sus papis, y todo son sonrisas y mimos.  Pero cuando la prensa se marcha y se cierra de un portazo la puerta de la casa, en el hogar giennense vuelve a reinar la frialdad conyugal habitual. 
Y el problema tal vez sea que no hay mucha comunicación entre ellos, y Jaén trata de  reconciliarlos, pero es chica y no le hacen mucho caso.  Y ahora que es Navidad, a ella le encantaría que papá y mamá, que en el fondo son muy buenos y solo quieren lo mejor para ella, se juntaran más y montaran el árbol y el belén en familia.  Pero es muy complicado, bastante hacen viviendo bajo  el mismo techo, piensa ella a veces, porque sabe que si siguen cohabitando es por no darle a la niña un disgusto. 

Y la verdad es que el resto de la familia no está mucho mejor:  la madrina Diputación Provincial y el padrino  Gobierno Central  también están bastante irritados,  y los hermanos mayores :  los partidos políticos, andan todos a la gresca a la menor oportunidad.    Menuda familia desestructurada.
Lo que ella espera es que este año, al menos, en la cena de Nochevieja, después de la segunda cerveza y del tercer vino,  no se arme el follón de todos los años cuando empiecen a discutir de política, y la niña desea con todas sus fuerzas que no acaben como alguna que otra vez, tirándose a la cabeza las uvas y los platos en lugar del confeti y las serpentinas.
El caso es que la pequeña Jaén con lagrimillas en los ojos, al escribir su carta a los Reyes Magos, no pide un nuevo tren, más rápido y con más vías que el que tiene ahora, ni un juego de médicos con mejores instalaciones, ni dinero para libros ni para teatros que tanto le enseñan y le divierten.  No señor, la pequeña Jaén, con lagrimillas en los ojos, con su preciosa caligrafía de niña voluntariosa y aplicada, ha escrito a los Reyes Magos, que lo que más quiere en el mundo es que su mamá y su papá y el resto de los que viven en  casa, vuelvas a ser todos, de nuevo, una familia de verdad.




martes, 15 de noviembre de 2016

LA DEUDA DE JAÉN. Noviembre 2016.


 Qué lástima me da.  Acabo de charlar un ratico con ella y resulta que está Jaén, la pobre, que le va a dar algo.  Con lo expansiva que era, la mujer, que estaba siempre cantando melenchones o vestida de pastira con las amigas por las tascas o pateándose las cuestas de palique con los vecinos, o paseando a los nietos por el parque del bulevar; todo el día para arriba y para abajo.  Pero de un tiempo a esta parte se la ve mustia, sombría.  Dice que no pega ojo, que se pasa las noches en vela, con las farolas encendidas, haciendo cuentas.  

Y no es para menos.  Porque resulta que no le salen los números, por muchas vueltas que les dé.  Y ha tenido que pedir, la mujer,  otro préstamo al banco.  No le ha quedado más remedio.  Pobre Jaén, ella se ha pasado toda la vida trabajando de sol a sol, con las labores del campo, y con las olivas, y con otros trabajillos que le iban saliendo, y a la vez criando a una familia más que numerosa, y tanto esfuerzo para que ahora, cuando ya tiene una edad, la pongan contra la espada y la pared por culpa de las malditas cuentas municipales.  

A ella no se le ha dado muy bien ahorrar de nunca.  Y no es que haya vivido con lujos ni derroches.  Lo que pasa es que siempre ha querido lo mejor para los suyos, y cuando tenía tres pesetas en el bolsillo, se inventaba cualquier cosa para regalarnos.  Nunca ha sido ella muy de pensar en el día de mañana.  Y ahora nos vemos como nos vemos.  Por su mala cabeza.  Con una deuda municipal de no te menees.  Y con los bancos llamando al timbre cada dos por tres.  Y menudos apuricos que pasa la pobre Jaén cada final de mes, que tiene que pedirle a los vecinos a la hora de comer, que como ya no le fían en las tiendas, las pasa canutas para ponerles un plato caliente a sus funcionarios cuando llega la hora.


Y a base de préstamos vamos tirando.  Pero como la cosa no pegue un giro radical de 180 grados,  va a llegar un momento en que la deuda sea insostenible, y los bancos, a este ritmo, van a terminar por desahuciar a la pobre Jaén de su casa, y ella que tiene mucho carácter, al principio se resistirá, porque imagínate, con la catedral tan preciosa, el castillo tan bonico y todas las joyas que ha ido acumulando a lo largo de los siglos, no va a abandonar de buenas a primeras el poquito patrimonio que ha ido juntando y que ha sido de la familia de toda la vida.  Y que para ella, además del valor económico intrínseco, tienen una carga sentimental incalculable.  

Pero ya sabemos cómo funcionan estas cosas.  Seguramente, tarde o temprano, la autoridad tomará cartas en el asunto, y nos pondrán a todos, con las maletas, de patitas en la calle, y nos buscarán cualquier solución habitacional en el extrarradio.  Y dejarán la ciudad vacía precintada por orden judicial, hasta que cualquiera le pegue una patada a la puerta y se meta de okupa, que eso a Jaén le da mucho miedo, con lo conservadora que es ella, le da pánico imaginar a jóvenes con litronas y perros famélicos, haciendo talleres de malabares y asambleas libertarias en su salón de plenos.  Hasta que los desalojen y terminen subastando la ciudad al cabo del tiempo, para que la compre cualquier fondo de inversión de capital saudí o ruso o chino y nos acaben montando un gigantesco chiringuito de comida rápida y bazar de saldo, con epicentro en la Plaza Santa María.

LA FERIA DE ESPAÑA. Octubre 2016.

¡Qué alegría!  Estamos en feria en Jaén, hoy es el día grande.  Hay que celebrarlo por todo lo alto.  Y por eso, yo voy vestido de flamenco, recorriendo una y otra vez, a lo largo y ancho, todo el recinto ferial, más chulo que un ocho.  Aunque para ser sincero, este año no estoy disfrutando tanto la celebración como otras veces.  Y es que, como la situación política, en el país, está como está, al pasear por las atracciones percibo cierta sensación de déjà-vu.   Es como si todo el tinglado que tengo  alrededor  me resultara familiar.  Trataré de explicarme.  Al montarme en la montaña rusa, por ejemplo, me siento como a bordo del IBEX y de la prima de riesgo, es en cierto modo la misma sensación, aunque en realidad, comparado con el vértigo de los mercados macroeconómicos, el sube y baja de la esforzada y presurosa vagoneta, no resulta tan extremadamente trepidante.  Pero bueno, no hay que rendirse, hoy es el día grande, y hay que disfrutarlo como sea.  El problema es que, después, cuando subo a la noria,  buscando emociones fuertes, el leve mareo que siento, es mucho más soso que  la desazón que me produce cotidianamente la incertidumbre social y laboral.  De todas maneras, yo, lo sigo intentando, es cuestión de tantear las otras atracciones, alguna habrá suficientemente emocionante; sin embargo,  cuando pruebo con los autos de choque, los bruscos volantazos y las colisiones frontales, son incapaces de hacerle sombra a los virulentos encontronazos producidos, recientemente, en el seno de algún que otro partido político.  No, la cosa no acaba de convencerme.  Y para más inri, a continuación, al pasar junto a la tómbola, creo estar en pleno reparto de privilegios y prebendas de los que algunos gozan al arrimarse a los pasillos del poder.   Es un problema, no consigo abstraerme.  Tanto es así, que cuando subo al tren de la bruja,  pensando que una diversión naif conseguiría, al fin,  distraerme, siento que los escobazos son meras caricias, comparados con las noticias de corrupción con las que nos fustigan los medios informativos.    Y al pasar junto a la caseta de tiro al blanco, no puedo evitar que los reiterados tiros fallidos de los esforzados participantes, me recuerden al escaso tino de las encuestas electorales en sus últimas previsiones y  sondeos.    Y al montarme en el tiovivo, el mareo que experimento, no es capaz de eclipsar la sensación de redundancia de la machacona propaganda partidista de una posible tercera cita electoral.  Por no hablar del pasaje del terror, en el que los esfuerzos de los monstruos y la parafernalia gore,  están lejos de llegar al apocalíptico grado de tensión e intimidación que son capaces de provocar determinados propagandistas y analistas políticos.
Y en fin, pues eso, que la feria está muy bien para unos días, pero tampoco hay que pasarse, y en este país, desgraciadamente, la vida política lleva demasiado tiempo en una especie de jarana interminable, en la que los distintos partidos bailan en sus acotadas y endogámicas casetas, emitiendo desde distorsionados altavoces, cada uno de ellos, sus machaconas coreografías, hasta la extenuación, convirtiendo el ferial político en un molesto batiburrillo de estruendosos ruidos superpuestos, incapaces de armonizar una melodía que podamos bailar todos los invitados a la feria de España.


jueves, 16 de junio de 2016

LA CULTURA NO SE RINDE. (Junio 2016).


Pobre cultura, qué lástima.  Ayer me volví a cruzar con ella por la calle.  Pero era la auténtica cultura, la de verdad,  la que se patea los escenarios pese a sus achaques, y anda manchada de pintura hasta las cejas en su lúgubre estudio, y se deja la vista en las bibliotecas más modestas.  No es esa cultura impostora de relumbrón, inquilina de telediarios y revistas de moda.  El caso es que la pobre cultura está de capa caída, desnutrida, y andrajosa, no supo ahorrar en los buenos tiempos.  Además como ella es contestataria e insumisa por naturaleza, su carácter le está acarreando graves consecuencias.  Tiene un par de juicios pendientes, y hace poco le tomaron las huellas dactilares, y anda sometida a estrecha vigilancia.  Cuando yo me la crucé, me contó la pobre (como nadie le hace mucho caso, cuando  le das conversación te narra su vida y milagros) que le habían hecho los análisis periódicos que se hace uno cuando llega a cierta edad, y estaba muy preocupada porque le había salido el IVA por las nubes.  Y el caso es que lleva mucho tiempo así, y no hay manera de bajarlo, y como la cosa no cambie, la pobre puede quedarse “IVAlida” para toda la vida.  Con lo que ella ha sido, que se la rifaban los mecenas, y era el prototipo de la belleza universalmente apreciada por las gentes y agasajada por los poderosos.   Y ahora está en la miseria, máxime, cuando la nueva legislación, considera incompatible la pensión de jubilación con los ingresos por creaciones culturales.  Pero con sus achaques y todo, la cultura resiste, es su naturaleza guerrillera.  Que si aguantó el embiste de inquisiciones, censuras totalitarias y cazas de brujas, también espera sobreponerse al fundamentalismo y al empobrecimiento moral y cultural que nos aqueja.  Y además, que más de uno está deseando verla criar malvas, y ella no está dispuesta a darle ese gusto a nadie.  Porque ella  sabe que de pasar a mejor vida, le acribillarían a homenajes, en los que los mismos que la mantienen en la indigencia, se pelearían por hacerse la foto, con expresión compungida, junto a su condecorada y lujosa tumba de solemne mármol.

miércoles, 18 de mayo de 2016

LOS PENSAMIENTOS ÚNICOS. Mayo 2016.

Debo confesar que a las pasadas elecciones acudí emocionado.  Al fin los poderosos escucharían al pueblo.   Sin embargo, camino del colegio electoral, eché un vistazo rápido a las grandes pancartas publicitarias que había en mi barrio (confieso que antes ni siquiera me fijé), y me sorprendió comprobar que habían cambiado los rostros de  los   candidatos.  En aquellas fotos gigantes, no aparecían las imágenes de los mandamases de la Unión Europea, ni de los dirigentes del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y demás instituciones que  imponen los parámetros económicos y las políticas de austeridad que nos regulan.  En fin, un tanto preocupado, nada más llegar a mi colegio electoral, corrí hasta la cabina de votación más cercana, y examiné ansioso todas las papeletas, hasta que, totalmente perplejo, comprobé que en lugar de folletos publicitarios de las multinacionales y los grandes bancos y grupos empresariales y mediáticos que nos rigen, había para introducir en las urnas unas extraños y pintorescas siglas, con logotipos muy monos.  De pronto caí en la cuenta.  Claro.  Los partidos políticos.  Recordé que ellos son los depositarios de la soberanía nacional a través de los representantes que elegimos en  cada legislatura.  La verdad es que  envidio la claridad de ideas de los afiliados y simpatizantes de estas agrupaciones, que son capaces de asumir los dictados de la dirección de su partido.  Yo, particularmente, padezco un preocupante eclecticismo ideológico que me impide asumir como verdad absoluta un único programa electoral.  Y es un grave problema, porque a la hora de votar, tengo que ponerme de acuerdo con mis diversas corrientes ideológicas, para decidir qué papeleta se  acerca de un modo mayoritario a mis pensamientos políticos.  Para mí es muy difícil realizar este ejercicio de consenso,  necesario también en ese ente multiforme de ideologías dispares que es España, que tampoco se acomoda, como yo, a confiar su rumbo a una agrupación concreta, y que prefiere el pacto y la negociación,  a la soberbia de los pensamientos únicos, por las siglas de las siglas, amén.


viernes, 22 de abril de 2016

LAS PALABRAS DE CERVANTES. Abril 2016.


Hay múltiples retratos de Cervantes.  Pero son todos falsos y posteriores a su muerte.  A nadie le interesó en su época retratar a un autor poco apreciado por sus contemporáneos.  Nuestro caballero de la olvidada figura, en una de sus obras, describe a la  Fortuna, como un personaje  “borracho y antojadizo, y sobre todo ciego para no ver lo que hace, ni saber a quién derriba“.  Y Don Miguel fue volteado en  innumerables ocasiones por el destino.  Este es un país de extremos, que  igual llena de cadenas a alguien que lo eleva un pedestal.  Y Cervantes es un caso claro al respecto.  Durante su existencia, compartiendo el destino de otros ilustres literatos como Fray Luis de León, San Juan de la Cruz o Quevedo, Cervantes  sufrió prisiones  por diversos motivos.  Y solamente tras su muerte, gozó su nombre, que no su cuerpo, de una póstuma y creciente gloria.  Aunque no surgió en España su reivindicación, pues fueron estudiosos de otros países europeos los que colocaron a Cervantes en el trono de los escritores en castellano.  Y actualmente, nuestra sociedad de lo superficial, de la fachada, ha convertido a Cervantes, en  un nombre, una marca, un logotipo el Instituto Cervantes, los Premios Cervantes, la celebración del Día del Libro el 23 de marzo, fecha errónea de su muerte, puesto que su fallecimiento realmente ocurrió el día anterior Ojalá este cuarto centenario de su decesosirva para que conozcamos mejor la azarosa vida del auténtico Cervantes, el desdentado, el tartamudo, el probable descendiente de judíos, el condenado a causa de un duelo, el herido de guerra en Lepanto, el esclavo cautivo 5 años en Argel, el autor de comedias que nadie quería representar, el pobre escritor encarcelado en Sevilla, y que pasó hambre y necesidad en sus últimos años, el engendrador de los mayores locos y desvaríos, y sobre todo al excelso fabulador. Y es que no hay que empeñarse en buscar a Cervantes en unos fastos ceremoniales huecos, ni en unos restos y fragmentos que yacen dispersos.  Porque el autor está vivo en sus inmortales personajes, en su teatro, en sus narraciones, en sus palabras.

miércoles, 23 de marzo de 2016

LA PROCESIÓN INVISIBLE. Marzo 2016.

Aunque lamentablemente soy un poco descreído, el fervor de estas fechas, finalmente ha calado en mi duro corazón y he decidido planificar unos días de devoción,    presenciando algunas procesiones para conectar con la espiritualidad que fluye por todos los rincones de las tierras cristianas.  

Sin embargo, he estado mirando el programa de desfiles de este año, y no he encontrado los que más me interesaban.  Y es extraño, porque a través de los noticiarios de televisión he visto imágenes de su desarrollo, pero no especificaban el itinerario ni el horario.  

De todas maneras  me consta que están en marcha, y que son desfiles en los que participan interminables hileras de penitentes, aunque en lugar de velas, por la noche se iluminan con linternas;   y en vez de hábitos de nazareno, suelen llevar mochilas y ropas mojadas o llenas de polvo.  

En realidad no están flanqueados por soldados romanos con lanzas en ristre, sino por las autoridades de turno encargadas de llevar a la práctica el trámite de deportación. En lugar de incienso, ellos han dejado atrás el olor a pólvora, y llevan consigo el sudor y el miedo  que exhalan los conflictos bélicos.  

Pero  sus procedencias son similares, todos ellos tienen su origen en Oriente Próximo, Jerusalén y Damasco, son tierras próximas.  Y por supuesto, en estas procesiones alternativas no faltan las víctimas de la impiedad,  las dolorosas, ni los inocentes recorriendo su vía crucis.   

Pero ellos no son de madera.  Su dolor no es iconográfico.  Su pasión no necesita de cornetas y tambores para ser exaltada.  Sin embargo, su calvario, su desolación, no congrega multitudes alrededor,   es anónimo su desfile de aflicciones.  Son las otras procesiones.  

Es otra Semana Santa que se prolonga inextinguible en el tiempo.  Son los desfiles invisibles.  

A mí me habría encantado sentarme en la orilla de su fluir  cansino,   para comer unas pipas reflexionando fugazmente sobre la  aflicción y los valores de nuestra religiosidad cristiana y nuestra ética occidental, pero me ha resultado imposible encontrar su recorrido en el folleto procesional.  Qué lástima.

miércoles, 24 de febrero de 2016

TÍTERES SIN CABEZA. Febrero 2016.



Estos días, escucho ruidos y susurros en el almacén en el que apilamos los cachivaches de las funciones de teatro. 

En concreto el jaleo procede de un canasto en el que transportamos a los objetos de nuestra última obra. Y es que en la parte superior, junto a la tapadera, se encuentran los títeres del espectáculo, que últimamente andan bastante soliviantados. 

Aunque cuando me acerco disimulan, se hacen los prudentes, hasta que al fin me marcho. 

Pero yo sé que están acongojados, los pobres, por lo que han oído que les ha ocurrido a unos colegas de profesión, unos cristobitas cachiporreros y deslenguados, que ahora están incautados en un juzgado, aplastados sus cuerpecillos de gomaespuma por el descomunal peso de la ley. 

Que como anda la justicia harto ociosa, sin delitos ni faltas que juzgar, pues la impecable acción de nuestros poderes públicos no deja resquicio a la acción punible en el mundo real, no le queda más remedio a la ley que fiscalizar los movimientos y tramas del mundo ficticio, en el que campan a sus anchas, dubitativos príncipes daneses que cometen parricidios, pueblos levantiscos que asesinan comendadores, o incluso brujas desahuciadas que, como en este caso, denuncian el terrorismo de estado. 

En fin, quién mandará a los títeres a meterse en análisis sociales, ellos no entienden nada de política. Y es que todas las marionetas son unas cabezashuecas, y tienen cerebros de serrín, es su naturaleza. 

No trato de criticarlas, todo lo contrario, yo adoro esas figurillas, que tanto juego dan en un escenario. Los mismísimos Valle Inclán y García Lorca las hicieron depositarias de sus valiosísimas palabras, por lo tanto categoría les sobra. 

Pero no pueden evitar ser unos seres primarios que sueltan sus mensajes sin meditarlos, a bocajarro. Es parte de su encanto. 

Pero en los delicados tiempos que corren hay que andarse con ojo. De hecho, algunos han aprovechado para colocar a los títeres en el centro del escenario público. Y han sido manipuladas las pobres marionetas, pero no como ellas acostumbran. Los hilos que las manejan vienen, en esta ocasión, de muy arriba.

jueves, 28 de enero de 2016

LA POBRE JAÉN. Enero 2016.

Esta mañana he estado   paseando y he visto a la pobre Jaén bastante animada.  Le he preguntado y resulta que la semana pasada estuvo de viaje.  Parece ser que se juntó con todas sus amigas andaluzas y las ocho se pusieron de tiros largos para hacer una de sus escapadas a Madrid.  Y es que les apetecía a las chicas participar en  FITUR, la Feria del Turismo, que además es una promoción que les viene muy bien a todas ellas.  Conducía Sevilla, como siempre, que es la que tiene  más desparpajo, y la que se sabe mejor el camino, además de poseer coche de gama alta.  Y  así, Jaén, con su  acreditación colgada, se ha plantado en su stand de la madrileña Feria del Turismo, tras haberse acicalado previamente con sus joyas renacentistas, íberas y de todas las épocas  y por supuesto con todo su encanto natural a cuestas, para conquistar foráneos que le hagan una visitica. Y es que, aunque ya tiene una edad, se conserva bien, Jaén,  a pesar de los pesares.  Es su naturaleza.  Y su historia.  No hay que olvidar que   fue una aristócrata  en su mediana edad y mantiene todavía algunas joyas que pudo preservar, y que no le esquilmaron los desconsiderados de turno con los que, en ocasiones,  ha convivido.  Jaén no es ignorante, es tierra cultivada, y experimentada, tiene ya muchas batallas, pero es un poco olvidadiza sin duda, aunque cuando se pone a rebuscar, en lo más hondo de su casa, encuentra mosaicos maravillosos como los de Cástulo, y hasta parece ser que guarda un teatro  romano escondido en Porcuna, que está esperando desempolvar cualquier día de estos.  El caso es que para que no le acusen de provinciana, a Jaén le viene la mar de bien viajar para estas cosas.  Además, ya hace tiempo que el sicólogo le tiene dicho que debe esforzarse por salir más, que ha pasado demasiados años encerrada en sí misma, la pobre andaba tan atareada, que hacía  siglos que no se reivindicaba y apenas tenía vida social.  Por eso, su terapeuta le insiste siempre en que tiene que dejarse de complejos absurdos y de inseguridades, y que posee muchas maravillas en su interior  para compartir, con la frente muy alta; la pobre.