jueves, 31 de diciembre de 2015

LA NUEVA NOCHEVIEJA. Diciembre 2015.

Se acerca la noche más esperada del año.  Y Jaén que es muy festera, está deseando disfrutar las clásicas campanadas, tomando las doce uvas de la suerte; o las doce aceitunas, que ella aprovecha cualquier oportunidad para promocionar los productos de la tierra. 
Jaén, que es supersticiosa, se ha puesto ropa interior colorada bajo la falda del castillo, para entrar con buen pié en el nuevo año.  Y está dispuesta a celebrarlo con melenchones o con cualquier ritmo que le haga menear  sus  hermosas cordilleras.   
Aunque está algo preocupada, como todos.  A Jaén le gusta informarse de los conflictos de su tiempo, y sabe que la situación es  complicada. 
El viejo año se marcha, porque ha llegado el final de su legislatura y los ciudadanos han decidido no renovarle en el cargo. 
Está preparando las maletas, el declinante año, su tiempo ha pasado.  El viejo 2015 se nos marcha, pero no tendrá necesidad de emigrar a Alemania para buscarse la vida.  Pese a que muchos deseamos que desaparezcan de una vez las puertas giratorias, le aguarda un confortable y  muy bien remunerado puesto vitalicio en  la Historia.  Allí disfrutará de un cómodo estatus en el que, lejos de los convulsos vaivenes que ha vivido mientras se encontraba al mando de los controles cronológicos, será únicamente consultado por curiosos e historiadores,   descansando del  estrés del poder, rodeado de los oropeles de los privilegiados. 
Y aquí nos deja una situación de incertidumbre.  Todavía no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo sobre su sustituto.   Las cuatro estaciones mayoritarias, tienes ideas diferentes sobre cómo afrontar el nuevo tiempo.  La  inestabilidad se ha instalado en el calendario, afirman los que saben de estas cosas.
Algunos alarmistas creen que tendremos un año débil, que en cualquier momento puede ser forzado a dimitir por las fuerzas emergentes del cambio climático, y que los relojes irán desacompasados, sin norte ni guía.  

Pero Jaén, descorchará el cava tranquila pues sabe por  experiencia, que los relojes no se detendrán nunca, y ella tiene muy presente, que el futuro se impondrá como siempre ha pasado.

jueves, 3 de diciembre de 2015

EL SILENCIO DE BAEZA. Diciembre 2015.

   Sucedió en Baeza.  Dos inmensas sensibilidades poéticas, se encontraron, en sus calles.  Aquel día la poesía, asistió feliz a la reunión de dos grandes de la literatura en castellano, Federico García Lorca y Antonio Machado.   El profesor de francés del instituto, que ya era un eminente poeta, y el joven estudiante de filosofía y letras que junto a sus compañeros de facultad realizaba un viaje de estudios, tuvieron en nuestra tierra sus únicas reuniones.

   Se trata de  un encuentro del que no existen pruebas gráficas, ni celuloides ni fotografías,  esos  jueces actuales, sin cuya presencia nada parece tener existencia en nuestros días.  Tan solo permanecen sobre aquella coincidencia, los testimonios,  las descripciones, es decir las palabras, esas  reveladoras espectadoras que tanto gustaban a Lorca y a Machado.

   El profesor de francés enseñaba en aquel momento una lengua herida por la guerra, a los jóvenes estudiantes baezanos.

   Impresionó a Lorca el silencio de las calles, y una cierta melancolía que transpiraban los muros de la ciudad.  Silencio del estío baezano de 1916, en el que los únicos sonidos que percibía la sensibilidad de Federico, eran los gritos de la piedra, las decoraciones de las grandiosas fachadas renacentistas que pregonaban melodiosas su belleza.

   Ocurrió en 1916, ha pasado un siglo.  Lejos, muy lejos de allí, sonaban los cañones que en plena desazón de la gran guerra,  manifestaban el empeño suicida de Europa.  

   El joven en viaje de estudios, y el poeta de moda, iniciaron, en aquel contexto, una cierta amistad (se dice que Federico, incluso, acompañó al piano el recitado de Don Antonio de su “Tierra de Alvargonzález”), que incluso llevó a  Machado a escribir el rotundo y hermoso grito poético, “El crimen fue en Granada”, fruto de la conmoción que le produjo, años después, la muerte de Lorca.  

   Pero eso ocurriría en un futuro que en Baeza era todavía lejano e impensable.  Aunque ahora sea histórico e irreversible.  

   Ninguno de los dos sospechaba que veinte años después, la guerra  se instalaría en estas tierras, para acabar, a tiros,  con el silencio y con la poesía.