Es una pena, porque podría ser una gran película, un
thriller de denuncia como las que se hacían en los 70, tipo “Los 3 días del
condor”. La historia de Julian Assange y
de wikileaks tiene todos los ingredientes de un gran guión de Hollywood. Intrigas políticas, mentiras que enmascaran
y justifican masacres indiscriminadas cometidas contra inocentes. Y David desafiando a Goliath y publicando
todos sus trapos sucios. Y en un giro sorprendente de la trama el
gigante herido localiza
el origen de las filtraciones y procesa con escasas
garantías judiciales al militar que
reveló la trama, y unas extrañas acusaciones
acorralan al chico de la película, que espera en el clímax de la historia
ser salvado por el abogado estelar, el íntegro letrado que, cual superhéroe de
la judicatura con toga ondeante y birrete de acero, tiempo atrás puso en serios
apuros a los más aviesos villanos del orbe (al terrorismo de estado, al
sanguinario exdictador chileno, a la banda etarra…). Nuestro paisano (que podría ser interpretado
por un Sean Penn, por ejemplo) no podía
faltar en la más oscura intriga de nuestros días.
Si estas divagaciones se convirtieran en realidad y todo
este material (oro puro narrativo) llegase a las carteleras a través de una
gran producción norteamericana (una peliculita indie minoritaria no nos sirve), nos
daríamos cuenta de la aberración a la que estamos asistiendo; podríamos ver cómo desde las altísimas
instancias del poder se manipula, se asesina, se extorsiona, sin el menor pudor. Con sonido dolby surround e imagen de alta
definición, la sangre de las víctimas
masacradas impunemente que ha llegado a destapar Assange, tocarían al fin
nuestra gastada sensibilidad. Incluyendo
además trepidantes escenas de acción (en
la embajada ecuatoriana) y de intrigas judiciales (Hollywood cocina divinamente
este menú). Y podríamos vislumbrar de un modo claro, el impune
juego sucio al que estamos asistiendo, dándonos cuenta de que nosotros somos
parte de la historia, pues esto no es un asunto de lejanos espías que actúan en
exóticos escenarios, aquí se está jugando con la posibilidad de que los
ciudadanos conozcamos la verdad acerca de los manejos más sucios de nuestros
gobernantes. Nosotros éramos los
destinatarios de todas estas revelaciones, y se podría haber pensado que una
vez que tamañas maquinaciones llegaran al ciudadano medio, la reacción iba a
ser inevitable, y la verdad se impondría y los mandatarios iban a tener que
pedir excusas o bajar sus compungidos rostros avergonzados. Sin embargo esto no ha sucedido, poca gente
se acuerda de lo que wikileaks reveló y los que están en los banquillos de los
acusados (peligrando seriamente sus vidas) no son los culpables de tanta matanza y
manipulación, sino los que hicieron las revelaciones.
Pero todavía hay tiempo.
No está todo perdido. Si hubiese
un productor avezado con poco aprecio por su vida. Lástima que en Hollywood no se vayan a
animar, porque allí lo bordarían.
Aunque, bien mirado, supongo que si esa película existiera, tampoco llegaría a nuestras escasas y
desamparadas salas de cine, me temo.
Casi mejor, hacemos una serie de televisión entonces, ¿no?
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