Os saludo a
todos, visitantes del futuro. No temáis,
me presentaré. Soy un espectro que
habita este lugar. ¿No os lo creéis? Estoy homologado, ¿queréis ver mis credenciales? Mirad, con sello oficial y todo. Aquí lo pone, soy el Fantasma Oficial del Museo
de Arte Íbero de Jaén y del resto de Andalucía.
No os asustéis, soy un alma
cándida, los rencores no me han agriado el carácter, no trabajo el poltergeist
ni ningún tipo de efectismo gore. Todo
lo contrario, mantengo el espíritu positivo y humanista que presidió mi
existencia terrena.
Aquí en el
Museo, me complace contemplar todo este esplendor artístico e histórico que me
fue tan familiar en vida, me siento como en casa entre estas obras tan cercanas
a mí, de cuando aún era un ser de carne y hueso. Ahora soy un ente etéreo pero no os debe
extrañar mi presencia aquí, o acaso este lugar no está lleno de magia. Nadie puede poner en duda que es mágico que
el pasado vuelva a la vida y que los secretos de los antiguos pobladores de estas
latitudes, que hace más de dos mil años devoró la tierra inmisericorde,
creyendo haber ocultado sus misterios para siempre, vuelvan a la luz, acaso no
es algo mágico que todas aquellas historias, que el tiempo se empeñaba en
desterrar para siempre de la memoria de los hombres, puedan resucitar, y estén
aquí, ordenadas y descifradas delante de nuestros atónitos ojos. Pues como veis no soy el único milagro de
este espacio único.
Yo viví hace
bastantes años y debéis saber que casi
toda mi vida la pasé rodeado por objetos como estos que ahora veis aquí
expuestos, por eso me siento en estas salas como si estuviera en mi propia
casa, aunque una cierta tristeza me invade al recordar los años que habité este
lugar. Debo confesaros que a menudo
procuro pasar desapercibido, más que nada por costumbre, cuando los visitantes
andan cerca trato de esconderme, no
acabo de habituarme a mi nueva condición de fantasma oficial. Yo me temo que no tuve muy buenas
experiencias aquí, en este lugar, cuando era una persona corpórea.
Pero ahora,
esto ha cambiado mucho, y por eso me complace anunciaros que en el Museo
podréis conocer historias de héroes que miraban a los ojos a gigantescos lobos
y eran capaces de enfrentarse a ellos para salvar a los indefensos habitantes de su
oppidum. Historias de sacerdotisas que
custodiaban el santuario de la Diosa y servían de intermediarias entre los
vivos y nosotros los de más allá.
Historias de príncipes que afianzaban su poder mandando construir
hermosos monumentos para que su memoria perdurara en la posteridad. Historias de damas que eran muy apreciadas
por unas sociedades en las que la mujer tenía gran protagonismo.
Vosotros seguramente
os preguntáis qué hago aquí. Pues
resulta que mi muerte tuvo lugar muy
cerca, porque antes de que este espacio se convirtiera en Museo, ocupaba este solar una cárcel, la Prisión Provincial de
Jaén. Yo soy arqueólogo, mejor dicho, lo
fui en vida, aunque ahora en esta prórroga de ultratumba continúo haciendo mis
pinitos aprovechando mis conocimientos y la infraestructura de este lugar. Y por culpa de la guerra sufrí pena de
reclusión, durante los últimos años de mi vida. Pero el destino ha hecho justicia conmigo
permitiéndome disfrutar mi pasión, a título póstumo. Bienvenidos visitantes del futuro.
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