sábado, 26 de mayo de 2018

EL FANTASMA DEL MUSEO ÍBERO (Febrero 2018).


Os saludo a todos, visitantes del futuro.  No temáis, me presentaré.  Soy un espectro que habita este lugar.  ¿No os lo creéis?  Estoy homologado,  ¿queréis ver mis credenciales?  Mirad, con sello oficial y todo.  Aquí lo pone, soy el Fantasma Oficial del Museo de Arte Íbero de Jaén y del resto de Andalucía.  No os asustéis,  soy un alma cándida, los rencores no me han agriado el carácter, no trabajo el poltergeist ni ningún tipo de efectismo gore.  Todo lo contrario, mantengo el espíritu positivo y humanista que presidió mi existencia terrena.

Aquí en el Museo, me complace contemplar todo este esplendor artístico e histórico que me fue tan familiar en vida, me siento como en casa entre estas obras tan cercanas a mí, de cuando aún era un ser de carne y hueso.  Ahora soy un ente etéreo pero no os debe extrañar mi presencia aquí, o acaso este lugar no está lleno de magia.  Nadie puede poner en duda que es mágico que el pasado vuelva a la vida y que los secretos de los antiguos pobladores de estas latitudes, que hace más de dos mil años devoró la tierra inmisericorde, creyendo haber ocultado sus misterios para siempre, vuelvan a la luz, acaso no es algo mágico que todas aquellas historias, que el tiempo se empeñaba en desterrar para siempre de la memoria de los hombres, puedan resucitar, y estén aquí, ordenadas y descifradas delante de nuestros atónitos ojos.  Pues como veis no soy el único milagro de este espacio único.

Yo viví hace bastantes años y debéis saber  que casi toda mi vida la pasé rodeado por objetos como estos que ahora veis aquí expuestos, por eso me siento en estas salas como si estuviera en mi propia casa, aunque una cierta tristeza me invade al recordar los años que habité este lugar.  Debo confesaros que a menudo procuro pasar desapercibido, más que nada por costumbre, cuando los visitantes andan cerca trato de esconderme,  no acabo de habituarme a mi nueva condición de fantasma oficial.  Yo me temo que no tuve muy buenas experiencias aquí, en este lugar, cuando era una persona corpórea.

Pero ahora, esto ha cambiado mucho, y por eso me complace anunciaros que en el Museo podréis conocer historias de héroes que miraban a los ojos a gigantescos lobos y eran capaces de enfrentarse a ellos para salvar  a los indefensos habitantes de su oppidum.  Historias de sacerdotisas que custodiaban el santuario de la Diosa y servían de intermediarias entre los vivos y nosotros los de más allá.  Historias de príncipes que afianzaban su poder mandando construir hermosos monumentos para que su memoria perdurara en la posteridad.  Historias de damas que eran muy apreciadas por unas sociedades en las que la mujer tenía gran protagonismo.

Vosotros seguramente os preguntáis qué hago aquí.  Pues resulta que mi muerte tuvo  lugar muy cerca, porque antes de que este espacio se convirtiera en Museo, ocupaba este  solar una cárcel, la Prisión Provincial de Jaén.  Yo soy arqueólogo, mejor dicho, lo fui en vida, aunque ahora en esta prórroga de ultratumba continúo haciendo mis pinitos aprovechando mis conocimientos y la infraestructura de este lugar.  Y por culpa de la guerra sufrí pena de reclusión, durante los últimos años de mi vida.  Pero el destino ha hecho justicia conmigo permitiéndome disfrutar mi pasión, a título póstumo.  Bienvenidos visitantes del futuro.


No hay comentarios:

Publicar un comentario