La risa es
peligrosa, se trata de un problema muy serio.
Determinadas organizaciones, especialmente fundamentalistas, temen
que bandadas organizadas de burlas y mofas puedan llegar a resquebrajar
los cimientos de sus verdades absolutas e incontrovertibles, religiosas,
políticas o éticas. Posibilidad que no
les hace la menor gracia.
Hace más de
dos milenios, el griego Aristóteles, creó una obra que constituía una especie
de manual para la escritura de tragedias y comedias, los dos grandes géneros
teatrales. La parte dedicada a la tragedia, ha llegado intacta a nuestros
días, sin embargo la otra mitad, la referente a la comedia, se perdió, y de
ella nunca más se supo. Tal vez sea casualidad, o puede tratarse de un
viejo éxito de los enemigos del humor.
La risa es
un territorio de libertad, pero a veces las indómitas carcajadas se escabullen
por entre las barreras y las fronteras de lo correcto y arman un pitoste imprevisible,
ensañándose con los tabúes y las sacrosantas correcciones políticas. Y es que las sátiras son escurridizas, y es
complicado inmovilizarlas, someterlas a juicio sumarísimo y ajusticiarlas a
modo de pública advertencia. Aunque es
posible asesinar a sus portadores, el humor se contagia por vía mental, y por ahora las vacunas con forma de
bala, o los tratamientos de choque
explosivo, apenas han logrado frenar su anárquica expansión.
Es complicado domesticar una carcajada. Los chistes, a menudo son armas de
destrucción masiva de estupidez, y en ocasiones se cuelan en los santuarios de
la moral, y actúan como fogonazos en tales territorios vetados, que iluminan
con su sarcasmo, mostrando lo ridículo de numerosos tabúes.
Y en
ocasiones, algunas risas estallan, destruyendo las rejas que encarcelaban la inteligencia. Por eso son tan peligrosas, y poseen tal
capacidad de agitación.
Porque la
comedia es capaz de poner el mundo al revés, para que de este modo, le
encontremos un poco más de sentido a la vida.
Y es que
tanto Aristóteles como los que colaboraron para que la mitad de su obra
desapareciera, sabían que no hay nada más subversivo y más serio que una
comedia.
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