miércoles, 4 de febrero de 2015

LAS RISAS PELIGROSAS. (Febrero de 2015)

La risa es peligrosa, se trata de un problema muy serio.  Determinadas organizaciones, especialmente fundamentalistas, temen que    bandadas organizadas  de burlas y mofas puedan llegar a resquebrajar los cimientos de sus verdades absolutas e incontrovertibles, religiosas, políticas o éticas.  Posibilidad que no les hace la menor gracia.

Hace más de dos milenios, el griego Aristóteles, creó una obra que constituía una especie de manual para la escritura de tragedias y comedias, los dos grandes géneros teatrales.  La parte dedicada a la tragedia, ha llegado intacta a nuestros días, sin embargo la otra mitad, la referente a la comedia, se perdió, y de ella nunca más se supo.  Tal  vez sea casualidad, o puede tratarse de un viejo éxito de los enemigos del humor.


La risa es un territorio de libertad, pero a veces las indómitas carcajadas se escabullen por entre las barreras y las fronteras de lo correcto y arman un pitoste imprevisible, ensañándose con los tabúes y las sacrosantas correcciones políticas.  Y es que las sátiras son escurridizas, y es complicado inmovilizarlas, someterlas a juicio sumarísimo y ajusticiarlas a modo de pública advertencia.  Aunque es posible asesinar a sus portadores, el humor se contagia por vía mental,  y por ahora las vacunas con forma de bala,  o los tratamientos de choque explosivo, apenas han logrado frenar su anárquica expansión.

 Es complicado domesticar una carcajada.  Los chistes, a menudo son armas de destrucción masiva de estupidez, y en ocasiones se cuelan en los santuarios de la moral, y actúan como fogonazos en tales territorios vetados, que iluminan con su sarcasmo, mostrando lo ridículo de numerosos tabúes.

Y en ocasiones, algunas risas estallan, destruyendo las rejas que encarcelaban la inteligencia.  Por eso son tan peligrosas, y poseen tal capacidad de agitación.

Porque la comedia es capaz de poner el mundo al revés, para que de este modo, le encontremos un poco más de sentido a la vida.

Y es que tanto Aristóteles como los que colaboraron para que la mitad de su obra desapareciera, sabían que  no hay nada más subversivo y más serio que una comedia.

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