viernes, 9 de enero de 2015

LOS BUENOS PROPÓSITOS DEL 2015. Enero 2015.

Desde que llegó repentinamente a nuestras vidas, por intermediación de la cronológica magia de los relojes, el año 2015 acude a diario  al gimnasio.  Y es que todos esperamos mucho de él, y no quiere defraudarnos.  Por eso, el  joven y vitalista año, se machaca una y otra vez, levantando con fortaleza las macizas pesas de la maquinaria del reloj,  ejercitando sin descanso los engranajes y los músculos de sus manecillas, tanto de la pequeña como de la grande, confiando en almacenar fuerzas suficientes para  culminar con éxito sus 365 días de intensa tarea.

Cumple así con los tradicionales buenos propósitos del nuevo año, cuando al estrenar nuestro flamante paquete de doce meses, nos concedemos la posibilidad de hacer borrón y cuenta nueva, de inaugurar una ilusionante página en blanco, de darnos una oportunidad para mejorar, para cambiar las cosas que menos nos gustan y de alcanzar nuevas metas que nos hagan avanzar en la dirección correcta.
Muchos le advierten, al novato intervalo de tiempo, que debe tomárselo con calma, que con tanto ejercicio, el tictac de su maquinaria puede sufrir arritmias; que también el 2014 y todos sus predecesores en el cargo empezaron con las mejores intenciones, pero que las circunstancias no permiten cambios radicales en lapsos limitados de tiempo;  sin embargo el flamante nuevo año, está decidido a imponerse un estricto horario para desarrollar sus proyectos, empeñado en aumentar el volumen de su musculatura para sacar mayor rendimiento de sus articulaciones horarias.  Con empeño culturista, trata de robustecer la musculatura de los diversos  segmentos temporales, para aumentar la duración de sus recios minutos, de sus fornidas horas.

 Y es que, han sido tantos y tan intensos nuestros deseos, no ya solo personales sino también colectivos, de regeneración democrática, de reactivación económica, de mejoras sociales, institucionales, políticas y de todo tipo, que el bienintencionado año, se esfuerza sin descanso por estar a la altura de nuestras elevadas expectativas. ¿Resistirá la presión?  ¿Mantendrá la ilusión?  Quién sabe.  El tiempo lo dirá.

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