En estos
días vivimos de lleno la Semana Santa e inevitablemente siento un cierto “déjà
vu”, es como si Andalucía repitiera en un breve lapso idéntica celebración,
pues hace muy poco tiempo nuestra comunidad acudía a las urnas en procesión
escenificando su vía crucis.
Y en aquella
prematura pascua de los votos, los costaleros afiliados a las distintas
cofradías del gobierno y de la oposición, paseaban las primorosas y engalanadas imágenes de sus líderes, a
hombros por las carreteras autonómicas, tratando de captar la devoción de los electores,
algunos crédulos, devotos y hasta beatos, prestos a tomar el cirio y el slogan
y a caminar al ritmo cadencioso que marcan los tambores y las cornetas afinados
en la sede cofrade. Mientras que otros paisanos o viandantes, descreídos, e
incluso blasfemos, han asistido de soslayo al rito, asomándose a hurtadillas a
su ventana con escéptica curiosidad o saliendo al paso del desfile inclinando el
cuello (frente a la santa imagen del milagroso líder), expectantes por si el
místico momento fuera capaz de devolverles la fe y la ilusión.
Sin duda ha
sido una curiosa Pascua electoral la que hemos vivido, dado el presunto
deterioro de las tradicionales imágenes políticas
de toda la vida (algunas un tanto descascarilladas y con el aura de santidad
algo desgastada), y con la paradoja de que han tomado el cirio, las andas y los
tronos, los seguidores de alguna cofradía de nueva creación, escéptica con los
arraigados mandamientos de los evangelios constitucionales.
Sin embargo,
Andalucía es tierra amante del rito y la tradición y temerosa de perder sus
señas de identidad más viscerales y enraizadas, ha quedado demostrado una vez
más. De modo que pese a las inciertas expectativas,
la Pascua electoral ha vuelto a culminar en resurrección, para alegría y
alborozo de los tradicionales patronos cofrades. De modo que toca santiguarse y rezar, como
hicieron nuestros padres, nuestros ancestros y como harán nuestros hijos y nietos,
cuando nosotros hayamos cambiado la “urna” electoral por otra más solemne y
definitiva.
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