La más pequeña de la familia Jaén anda un poco
preocupada. Ya sabemos que estos
días los peques de la casa tienen una
ilusionante obligación: escribir la
carta de los Reyes Magos. Pero la verdad
es que a nuestra entrañable y pequeña ciudad no le gusta demasiado esta
costumbre, y está hecha un lío.
La joven Jaén se siente un poco condicionada por sus
padres. Mamá, que es la Junta de
Andalucía, le anima para que la peque,
pida a sus Majestades de Oriente, el
paquete completo del tranvía.
Pero papá Ayuntamiento no lo tiene tan claro, porque cree que es un
juguete poco práctico y que le va a tocar gastarse un pastón en pilas y en
mantenimiento. Y en fin, la niña está en
medio y le da mucha cosa que se peleen por ella.
Es más, por las noches cuando sus padres creen que ella
duerme, se ponen a discutir, y ella, que finge tener los ojos cerrados, se
entera de todo, y luego tiene pesadillas
y por la mañana se levanta cansada y triste.
La pobre teme que como sigan así las cosas, sus padres antes o después acaben separándose
por su culpa.
Y no es que la vida familiar de los Jaén sea siempre
conflictiva, a ella le encanta cuando mamá Junta y papá Ayuntamiento, la cogen
de la mano, y se la llevan a poner primeras piedras o a cortar cintas e
inaugurar cosas. Sobre todo cuando hay
periodistas de por medio. Porque esos
días se llevan fenomenal, sus papis, y todo son sonrisas y mimos. Pero cuando la prensa se marcha y se cierra
de un portazo la puerta de la casa, en el hogar giennense vuelve a reinar la
frialdad conyugal habitual.
Y el problema tal vez sea que no hay mucha comunicación entre
ellos, y Jaén trata de reconciliarlos,
pero es chica y no le hacen mucho caso.
Y ahora que es Navidad, a ella le encantaría que papá y mamá, que en el
fondo son muy buenos y solo quieren lo mejor para ella, se juntaran más y
montaran el árbol y el belén en familia.
Pero es muy complicado, bastante hacen viviendo bajo el mismo techo, piensa ella a veces, porque
sabe que si siguen cohabitando es por no darle a la niña un disgusto.
Y la verdad es que el resto de la familia no está mucho
mejor: la madrina Diputación Provincial
y el padrino Gobierno Central también están bastante irritados, y los hermanos mayores : los partidos políticos, andan todos a la
gresca a la menor oportunidad. Menuda
familia desestructurada.
Lo que ella espera es que este año, al menos, en la cena de Nochevieja,
después de la segunda cerveza y del tercer vino, no se arme el follón de todos los años cuando
empiecen a discutir de política, y la niña desea con todas sus fuerzas que no
acaben como alguna que otra vez, tirándose a la cabeza las uvas y los platos en
lugar del confeti y las serpentinas.
El caso es que la pequeña Jaén con lagrimillas en los ojos,
al escribir su carta a los Reyes Magos, no pide un nuevo tren, más rápido y con
más vías que el que tiene ahora, ni un juego de médicos con mejores
instalaciones, ni dinero para libros ni para teatros que tanto le enseñan y le
divierten. No señor, la pequeña Jaén,
con lagrimillas en los ojos, con su preciosa caligrafía de niña voluntariosa y
aplicada, ha escrito a los Reyes Magos, que lo que más quiere en el mundo es
que su mamá y su papá y el resto de los que viven en casa, vuelvas a ser todos, de nuevo, una
familia de verdad.
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