martes, 27 de diciembre de 2016

LA CARTA DE JAÉN. Diciembre 2016.


La más pequeña de la familia Jaén anda un poco preocupada.  Ya sabemos que estos días  los peques de la casa tienen una ilusionante obligación:   escribir la carta de los Reyes Magos.  Pero la verdad es que a nuestra entrañable y pequeña ciudad no le gusta demasiado esta costumbre, y está hecha un lío.
La joven Jaén se siente un poco condicionada por sus padres.  Mamá, que es la Junta de Andalucía, le anima para que la peque,  pida a sus Majestades de Oriente, el  paquete completo del tranvía.  Pero papá Ayuntamiento no lo tiene tan claro, porque cree que es un juguete poco práctico y que le va a tocar gastarse un pastón en pilas y en mantenimiento.  Y en fin, la niña está en medio y le da mucha cosa que se peleen por ella. 
Es más, por las noches cuando sus padres creen que ella duerme, se ponen a discutir, y ella, que finge tener los ojos cerrados, se entera de todo,  y luego tiene pesadillas y por la mañana se levanta cansada y triste.  La pobre teme que como sigan así las cosas,  sus padres antes o después acaben separándose por su culpa.
Y no es que la vida familiar de los Jaén sea siempre conflictiva, a ella le encanta cuando mamá Junta y papá Ayuntamiento, la cogen de la mano, y se la llevan a poner primeras piedras o a cortar cintas e inaugurar cosas.  Sobre todo cuando hay periodistas de por medio.  Porque esos días se llevan fenomenal, sus papis, y todo son sonrisas y mimos.  Pero cuando la prensa se marcha y se cierra de un portazo la puerta de la casa, en el hogar giennense vuelve a reinar la frialdad conyugal habitual. 
Y el problema tal vez sea que no hay mucha comunicación entre ellos, y Jaén trata de  reconciliarlos, pero es chica y no le hacen mucho caso.  Y ahora que es Navidad, a ella le encantaría que papá y mamá, que en el fondo son muy buenos y solo quieren lo mejor para ella, se juntaran más y montaran el árbol y el belén en familia.  Pero es muy complicado, bastante hacen viviendo bajo  el mismo techo, piensa ella a veces, porque sabe que si siguen cohabitando es por no darle a la niña un disgusto. 

Y la verdad es que el resto de la familia no está mucho mejor:  la madrina Diputación Provincial y el padrino  Gobierno Central  también están bastante irritados,  y los hermanos mayores :  los partidos políticos, andan todos a la gresca a la menor oportunidad.    Menuda familia desestructurada.
Lo que ella espera es que este año, al menos, en la cena de Nochevieja, después de la segunda cerveza y del tercer vino,  no se arme el follón de todos los años cuando empiecen a discutir de política, y la niña desea con todas sus fuerzas que no acaben como alguna que otra vez, tirándose a la cabeza las uvas y los platos en lugar del confeti y las serpentinas.
El caso es que la pequeña Jaén con lagrimillas en los ojos, al escribir su carta a los Reyes Magos, no pide un nuevo tren, más rápido y con más vías que el que tiene ahora, ni un juego de médicos con mejores instalaciones, ni dinero para libros ni para teatros que tanto le enseñan y le divierten.  No señor, la pequeña Jaén, con lagrimillas en los ojos, con su preciosa caligrafía de niña voluntariosa y aplicada, ha escrito a los Reyes Magos, que lo que más quiere en el mundo es que su mamá y su papá y el resto de los que viven en  casa, vuelvas a ser todos, de nuevo, una familia de verdad.




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