Andalucía viene del
médico, la pobre tiene muchos achaques, los milenios no pasan en balde, ya no
es la misma por la que pugnaban cartagineses y romanos, castellanos y
moros, ahora su extenso relieve está
lleno de arrugas y padece un poco de
artrosis en las cordilleras, pero sigue atesorando ese intenso magnetismo,
acentuado con la sabiduría que confiere la edad.
Y aunque algunas de sus
hermanas le acusen, a sus espaldas, de vivir del cuento, ella no ha parado de trabajar. Hace años emigro, y con los ahorros montó, a
su regreso, una tienda de tópicos (porque con su carrera y sus 5 masters universitarios no se podía
ganar la vida), que tienen mucha demanda y a los turistas les encantan; tópicos
de flamenco, de toros, de semana santa, de ferias y de chiringuitos playeros. Pero tiene Andalucía tan repleto el mostrador
y las vitrinas de la tienda, que a la mujer no es posible verla, solapada por
tantos cachivaches. Aunque si fuésemos
capaces de traspasar el muro de trastos y pudiéramos ver el rostro de la
tendera, descubriríamos un rictus amargo en su rostro.
Por eso ha ido al médico, Andalucía (después de un montón de tiempo en
lista de espera), y es que la consulta que ha visitado, concretamente, es la de salud mental. Ella no está loca ni mucho menos, hay pocas
tan cuerdas y tan sabias, lo que pasa es que padece una miajilla de los
nervios. Y es normal en sus
circunstancias.
Hay mucha gente por ahí
fuera que se piensa que Andalucía está todo el santo día tocándose el
subsidio. Además, cada vez que cruza
Despeñaperros, no tarda en reconocerla algún viandante y tras delatar su
presencia se arremolinan los curiosos a su vera y le piden que les toque las
castañuelas, y ella, especialista en semiótica musical, se ve obligada a tañer
unas palmas para no defraudar a la concurrencia. “Cuéntanos un chiste, Andalucía, que tú eres
muy salá y estás siempre alegre como un cascabel”. Y Andalucía se muerde la lengua para no
soltar un exabrupto, y compone una mueca cómica e improvisa alguna gracia que
provoca la hilaridad general. “Báilanos
algo, Andalucía, ponte a cantarnos”.
Señoritos ociosos le tocan las palmas y ella que tiene agujetas hasta en
el Estrecho, les lanza una mirada de las suyas, tan intensa, con desdén.
Dicen que Andalucía
cuenta unos chistes muy graciosos, chistes acerca de parados, de corrupción, qué
panzá de reír, chistes de marginación, de listas de espera, de aislamiento, es
que te partes de risa con ella, chistes de paro, de inmigración, de
despoblación… tiene un repertorio graciosísimo.
Andalucía, asomada al
balcón, rompe a cantar una desgarrada saeta, mientras ve pasar la procesión de
la santísima hermandad del estigma del subsidio, con los tambores atronando y las
cornetas afinando la triste melodía de las estadísticas de empleo adversas.
¿Qué te pasa
Andalucía? ¿Por qué lloras? Alegra esa cara que muy pronto va a ser tu
día. Y te van a organizar una fiesta muy
bonita.
Y ella, aunque siempre le
ha gustado la jarana, no tiene cuerpo para celebraciones, pero acudirá a la
fiesta para no hacerle un feo a los suyos.
Así que a la mujer le
tocará pasar la noche en vela zurciendo la bandera, que la tiene hecha jirones
por la parte de las rodillas (de tanto arrastrarse la pobre) y con el verde y
el blanco desteñidos y sucios.