miércoles, 18 de mayo de 2016

LOS PENSAMIENTOS ÚNICOS. Mayo 2016.

Debo confesar que a las pasadas elecciones acudí emocionado.  Al fin los poderosos escucharían al pueblo.   Sin embargo, camino del colegio electoral, eché un vistazo rápido a las grandes pancartas publicitarias que había en mi barrio (confieso que antes ni siquiera me fijé), y me sorprendió comprobar que habían cambiado los rostros de  los   candidatos.  En aquellas fotos gigantes, no aparecían las imágenes de los mandamases de la Unión Europea, ni de los dirigentes del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y demás instituciones que  imponen los parámetros económicos y las políticas de austeridad que nos regulan.  En fin, un tanto preocupado, nada más llegar a mi colegio electoral, corrí hasta la cabina de votación más cercana, y examiné ansioso todas las papeletas, hasta que, totalmente perplejo, comprobé que en lugar de folletos publicitarios de las multinacionales y los grandes bancos y grupos empresariales y mediáticos que nos rigen, había para introducir en las urnas unas extraños y pintorescas siglas, con logotipos muy monos.  De pronto caí en la cuenta.  Claro.  Los partidos políticos.  Recordé que ellos son los depositarios de la soberanía nacional a través de los representantes que elegimos en  cada legislatura.  La verdad es que  envidio la claridad de ideas de los afiliados y simpatizantes de estas agrupaciones, que son capaces de asumir los dictados de la dirección de su partido.  Yo, particularmente, padezco un preocupante eclecticismo ideológico que me impide asumir como verdad absoluta un único programa electoral.  Y es un grave problema, porque a la hora de votar, tengo que ponerme de acuerdo con mis diversas corrientes ideológicas, para decidir qué papeleta se  acerca de un modo mayoritario a mis pensamientos políticos.  Para mí es muy difícil realizar este ejercicio de consenso,  necesario también en ese ente multiforme de ideologías dispares que es España, que tampoco se acomoda, como yo, a confiar su rumbo a una agrupación concreta, y que prefiere el pacto y la negociación,  a la soberbia de los pensamientos únicos, por las siglas de las siglas, amén.