jueves, 18 de septiembre de 2014

PODEMOS LUCHAR CONTRA EL SISTEMA. Julio 2014.


Soportando el tórrido sol de agosto y mirando hacia el cielo infinito en el que se intuyen los astros en su cíclica monotonía, no puedo evitar pensar que es posible cambiar nuestro sistema.  Y es que, nuestro sistema está a años luz de ser justo,  se trata de una realidad empíricamente constatable, y por más vueltas que le demos, es arcaico (han pasado demasiados años desde su puesta en marcha) y  arbitrario, puesto que no hemos sido consultados acerca de sus inamovibles engranajes ni sobre su funcionamiento.  Sin embargo, no debemos rendirnos.  Es posible cambiar el sistema solar.  Aunque no será fácil sustituir todas aquellas rutinas de traslaciones y rotaciones
y demás burocracias estelares, por nuevos y revolucionarios esquemas de administraciones  planetarias que eviten desórdenes y conflictos cósmicos.   De hecho, es posible que una revolución del sistema solar provoque a corto y medio plazo un repunte significativo de la prima de riesgo y conlleve números rojos y caídas generalizadas de las bolsas y demás variables  macrocósmicas.  Pero necesitamos creer que un cambio auténtico es posible, más allá del fugaz paso de un cometa mediático o de la puntual irrupción  en nuestra atmósfera de algún meteorito político imprevisto que se desvanece cuando toca poner los pies en el suelo.  Las nuevas generaciones están demandando cambios sustanciales en el sistema solar, capaces de erradicar las malas prácticas en las órbitas elípticas del poder, lo indican las encuestas.  Desde los telescopios de los observatorios demoscópicos, el cosmos social se percibe agitado por el riesgo que representan los vertiginosos agujeros negros del paro y la exclusión social.  Y el descontento no excluye al mismísimo y deslumbrante astro rey.  Años atrás nadie se atrevía a hacerle sombra y en los últimos tiempos no paran de surgir escándalos relacionados con el exceso de rayos ultravioleta, o con agujeros contables en la capa de ozono.  De modo que necesitamos incluso protección contra los abusos y las radiaciones.  Y ahí andamos, dejándonos un dinero en crema protectora anticorrupción.  Bueno, al menos hace años que dejamos de cantar cara al sol

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